Cuando me dijo mi tía que yo era un 5 me sentí mágica, increíble. Estaba en el medio de todo y podría con todo, me gustaría todo y seria genial. También me dijo que hay dos tipos de 5, los que se calman y los que se despiertan. Yo soy de los que se despiertan, y fíjate si me estoy despertando. Tengo los nervios a flor de piel, cuidado, puedo arder y seguramente literalmente. Las ganas de llorar me asaltan más de lo querido y se me revuelve el estómago. Quizás la comida quiere salir de un cuerpo tan agitado.
Cuando se me escapan algunas lágrimas todo se empieza a ver algo más claro, y me calmo, y me río. O no.