viernes, 28 de agosto de 2015

Miedo en el baño.

Tengo el pelo suelto, mojado. El agua se está precipitando hacia el suelo porque tengo la cabeza inclinada hacia delante. Estoy en cuclillas en el baño y se forma un charco a mis pies. Una desgraciada gota, no se como, ha conseguido llegar a mi espalda y me genera un escalofrío horrible, tan horrible que me caigo. Estando en esa postura tampoco era muy estable la situación. Caigo de costado y me quedo inmóvil, en una especie de posición fetal deformada por la edad que tengo, y por la caída. Pasan los segundos, escucho un reloj de fondo, y voces. Hay gente fuera, la gente con la que antes estaba, hablan como desde el fondo de un túnel, no me interesa que dicen. Pasan los minutos, y allí sigo. Estiro un poco las piernas que se me empiezan a entumecer y paso a estar un poco boca arriba un poco de lado. El brazo que tengo libre se desliza, independiente, por mi vientre. Cierro los ojos porque la luz del techo me molesta, y me dejo libre. No se realmente a quien obedezco, desde luego a mi no, yo no estoy allí. Todo ha sido culpa de esa gota intrusa, el vello estaba tan de punta que me dolía.

Sigo tirada en el suelo, en un charco casi seco del agua salada de la piscina. La gente no se ha dado cuenta de que falto. Entonces no falto.

Me doy la vuelta como si fuese de piedra y me quedo con el moflete derecho pegado al frío y húmedo mármol. me duele el cuello.