sábado, 24 de febrero de 2018

¿Por qué te has quedado?

No se me ocurre mejor momento para el poema de García Montero: "Yo vengo sin idiomas desde mi soledad, y sin idiomas voy hacia la tuya".

Y tampoco se me ocurre respuesta correcta para responderte cuando me preguntas el porqué de haberme quedado. Supongo que no nos parece suficiente que hayas pedido la canción exacta en el momento exacto y que me hayas roto la poca entereza que me quedaba. No hacía falta realmente mucho, tan solo una sonrisa y la mano en la cara o en la cintura. Mi cintura, congelada en el tacto de un recuerdo. Mi recuerdo, que permanece sagrado bajo llave. Si no lo saco no se ensucia, como una posesión bien preciada.
Pediste la canción exacta y aunque ahora lo sé, en ese momento no quería creerme el motivo. "Ojalá sea por mí, ¿Por mí? ¿Por qué iba a ser por mí? Por su cara cuando le he mirado sonriendo, o por la cara que me he imaginado que tenía al sonreír...". Y así, como siempre, empecé a crear y empecé a romper. Mil motivos demasiado arrogantes como para ser los acertados... Pero se me ha creado tantas veces esa sensación en el pecho que ya la sentía como propia. Empieza con una idea que poco a poco se convierte en una intuición intensa hasta desembocar en realidad en mi cabeza. Toma forma, se impulsa, se lanza hacia ti y... Cae en picado contra mi muro de "no le importas tanto".

Ya sí que hay respuesta, nos guste o no, hay una respuesta en la mesa. Será en otra vida, en otro tiempo y en otro lugar donde nos encontremos para quedarnos. Ahora toca volar en dos direcciones en vez de en una, soltándonos la soga que nos hemos ido atando al cuello cada vez que nos acercábamos. Ahora me toca coger impulso desde otra mano y soltarte aunque duela. Ahora te toca girar la cara y ser fuerte. Es el momento de bailar separados por bonito que fuese nuestro baile... Pero la vida gira y a veces no somos nosotros quienes elegimos el sentido.