jueves, 3 de febrero de 2022

Adiós al lenguaje, violencia.

A diarío me doy de bruces con una triste realidad. De todas las formas posibles en las que una persona se puede comportar, la gran parte de la humanidad elige el camino de la violencia. 

Una señora muy emperifollada decide que empujarme con mala cara para entrar primero en el metro es la mejor manera de empezar su jornada. 

Una funcionaria con menos ganas que yo de burocracia, decide que es demasiado complicado atenderme como si fuese humana y se ríe en mi cara sin resolverme absolutamente nada acerca del trámite que llevo esperando a hacer semanas.

Mi vecino tiene la música a voz en grito y yo con migraña, toco a su timbre a suplicarle que la baje. Él decide que la mejor respuesta que puede darme es decirme que no, y cuando cierra la puerta, subir el volumen al doble.

Un paseante aleatorio deja que su perro se cague en la misma acera por la que tendrán que pasar sillas de ruedas. 

Un simpático dibujante plasma sus ideas de grafiti en las paredes de la catedral. 

Un chaval convencido de su realidad, le explica a los colegas que su ex es una loca, una histérica, y de paso les enseña sus fotos desnuda para aclara que por lo único por lo que seguía con ella, era por follar.  

Un borracho sin nombre tiene que ser detenido por la policía después de pelearse a patadas y gritos con unas cajas de cartón y un par de retrovisores inocentes que no le habían hecho nada.

Un amante ilusionado se queda mirando el móvil tras su primera cita, esperando a una respuesta que jamás obtendrá, porque al otro lado de la pantalla alguien decide que es mejor callar a explicar. 

Un usuario anónimo en Twitter comenta en una foto "qué vergüenza, menuda guarra", pero por privado le pide que le venda sus bragas usadas.

 A diario me doy de bruces con una triste realidad. De todas las formas posibles en las que una persona se puede comportar, la gran parte de la humanidad elige el camino de la violencia. Sucumbe a la ira y a la indignación, soltando latigazos con manos y lengua a cualquiera que se acerque. Tomando como ofensa todo lo que se le presente y sobre todo, creyéndose superior. 

A diario me doy de bruces con una triste realidad. No se puede ser pacífico: o sacas las garras, o te matarán.