Uno, dos, tres...
Se ha creado una franja en mi cintura
con el nombre de una mano
para que al firar con la música
pueda pasar por un camino conocido.
Cinco, seis, siete...
El sudor de alguien a quien no conozco
me impregna las manos, y por hende, la cara.
Mi olor ha pasado a ser parte de la composición
de todos los sudores de la sala.
Uno, dos, tres...
Los pies se me traban entre tanto paso
unos brazos cualquiera me mantienen en equilibrio
no puedo más que reirme mientras intento
retomar el ritmo.
Cinco, seis, siete...
Si me lo propongo puedo conseguir
que mis latidos se acompasen con la salsa que está sonando.
La cadera adquiere cualidades de péndulo
creo que podría convertirme ahora mismo en gelatina.
Uno, dos, tres...
La cercanía física y el contacto
sin importar la identidad.
Solo que mi cuerpo sea capaz
de entender las instrucciones de sus manos.
Cinco, seis, siete...
Si llega el apocalipsis, ojalá me cuentre bailando.