Nos hemos mirado como dos ciervos midiéndose la cornamenta,
adivinando quién hiere a quién.
Nos hemos rodeado como un lobo acechando a su presa,
salivando por la anticipación del mordisco.
Nos hemos olfateado como perros en el primer saludo,
descubriendo a donde vamos y de donde venimos.
Nos hemos escudriñado como monos buscando parásitos,
contando cada uno para luego alimentarnos.
Nos hemos acariciado como dueño a su mascota.
Y aquí me tienes, meneándote la cola.