lunes, 1 de diciembre de 2025

quizá buscaba y ahora

Encuentro en la forma en la que me miras una pausa del espacio tiempo. Se detiene el mundo y tan solo existen mi boca, tus ojos, mis palabras. Un momento tan claro, tan silencioso, que el sonido de lo que digo me retumba y mentiría si no dijese que da miedo. También yo me escucho. Se construye un espacio secreto para nosotros y creo estar sola contigo en este bar tan lleno. Encuentro en la forma en la que hablas, aun con el trago de cerveza en la boca, una provocación excesiva. Quiero ser ese líquido, mantenerme bañando tu lengua y colarme por tu garganta a la vez que oigo lo que dices. Recogerlo todo, sumergirme entre tus dientes y comprender el movimiento que articula tu voz. Que notes el sabor que desprendo al ser bebida por ti. Encuentro en la forma en la que me besas una caricia creada para confundirme, despertarme, amansarme, encenderme, apagarme. Y se me borra la memoria y no sé si ha ocurrido el beso o me he transportado a otro sitio y me veo en la obligación de volver a besarte. Y cada vez que lo hago prometo que presto atención. Me vuelvo a perder. Te vuelvo a besar y vuelve y vuelve y vuelve a pasar. Encuentro en la forma en la que sonries un abrazo sin contacto. Un derroche de ternura que me susurra que cuidas el mundo por el que transitas. Te rodea una calidez extraña en este lugar tan frío y me recuerdas al momento en el que se encienden las farolas cuando paseo en un atardecer cualquiera. No necesitaba luz para ver aún pero, cuando ocurre, se ve todo mejor. Encuentro en tu acento aires de casa. Entonamos una conversación con tintes de algo que nos viene de muy lejos y nos acompaña a mil kilómetros de distancia. Puedo reconocer el sonido de algo cotidiano en algo tan nuevo como lo eres tú y se me afloja el cuerpo como cuando noto la luz del sol acariciarme al volver al sur. Encuentro en tu nervio un desajuste del universo, un influjo desconocido que rompe el esquema de mi reloj y las leyes de la entropía. Llegas, agitas la bola de nieve, soplas fuerte y te vas. Llego, soy agitada, soy soplada y te vas. Quedo en una vibración extraña, unas ganas, una ilusión que no sé reordenar y simplemente me siento a ver cómo vuelve a reposar todo lo que ha volado. Desde mi tranquilidad intento atar el paisaje, pero aprendo que es improbable.

Encuentro en tu ritmo un juego nuevo que despierta todas mis curiosidades. Un impulso inocente, como el de los niños al descubri

Encuentro un mar de piezas que encajar y que no sé dónde buscar.