La psicóloga me ha mandado como deberes racionalizar cuando me empiece a encontrar mal, pero a mi lo único que me sale hacer es actuar como si no pasase nada e inventarme mi propia realidad. He asumido que a mi existencia le falta concordancia y se puede resumir con una de mis noches de andanzas:
Entro decidida empujando con fuerza la puerta del bar, he caminado mas lento justo antes de llegar pensando en qué diré o en qué pasará.
Saludo alegre a quien esté, me pregunto si me habrán oído o si acaso se acordarán de mi nombre.
Me busco un asiento cerca de la barra, tiemblo por si estorbo o por si estaré demasiado lejos de la salida en caso de huída.
Observo mi alrededor intentando parecer tranquila, por dentro soy un perrito asustado por las circunstancias.
Me pregunto si mi cara se verá demasiado seria para la ocasión, practico mentalmente una sonrisa que no parezca forzada notando la tensión en los labios.
Alguien me pregunta si el asiento cercano está ocupado y respondo, seguro que mi tono ha sonado demasiado brusco.
Bebo por ocupar el tiempo hasta que pase algo, espero que no se den cuenta de que el botellín ya no está lleno.
Se me acerca alguien a hablar y hablo sonriendo, no escucho lo que dice de tanto preguntarme si tiene sentido lo que estoy diciendo.
La persona decide ir al baño o cambiar de interlocutora, yo preparo la fusta estando segura de que se fue por mi culpa.
Cojo el abrigo y el bolso para irme sin hacer ruido, seguro que todo mejora cuando me haya ido.