Gracias por haberte cruzado en mi camino, por haberme enseñado el idioma y haber luchado por que me entrase en la cabeza toda esa gramática. Gracias por haberme aguantado esos 6 años tan largos peleándome con Eva, todo ese tiempo sin atender en clase, las contestaciones y las ganas de leer... Quiero disculparme si no fui la mejor alumna, si no te di tanto cariño como tu nos diste, pero quiero ofrecerte mis lágrimas como signo de amor. Porque te quiero, te queremos, nos quieres y nos querremos siempre. Cuando subamos todos allí arriba espero que estés esperándonos, listo para decirnos por qué página hay que abrir el cuaderno, o para darnos el examen sorpresa.
No voy a decirte adiós, te voy a decir hasta luego, porque estás aquí. Voy a luchar por conseguir mis sueños para que desde donde estés sepas que has formado grandes personas, y no solo formado, te han sentido.
Nunca he puesto nombres, pero José Redondo Úbeda merece ser nombrado.