Ya ni me acuerdo de tu cara, tengo que mirar tu Facebook para devolver la imagen a mi mente. Sádicamente veo que en el buscador eres la primera opción, y pincho, y me deleito si has escrito algo. Me acuerdo de tu risa tonta, eso si se me ha quedado grabado. Me acuerdo de como me ponías la mano en la nuca, con tan poca gracia y creyendo que me encantaba. A mi solo me encantaban tus intenciones ya desaparecidas. Ahora te escribo con rabia, con dulce resignación, con pasados sentimientos. Porque todo esto que escribo ya ha pasado y ha tenido fecha de inicio y de fin. Inicio el día en el que te conocí mientras cruzabas España. Fin en el día que decidiste que no merecía la pena tanto esfuerzo un polvo que no ibas a conseguir.
Se me amontonan a veces las ganas de hablarte pero me acuerdo de tus pocas ganas por contestarme. También está el impedimento que me he puesto borrándote de mi lista de favoritos. Buscarte en la lista de todos los contactos dura el tiempo necesario como para saber que no quiero molestarme en ti, que ya me he calentado demasiado, yo y mi cabeza.