Desde el primer instante me prometiste, tu siempre tan presente, que no habría día en el que me faltases, y ahora me encuentro un domingo entristecido, escribiendo sin puntos este abandono a mala gana. Las promesas que se hacen se hacen para cumplirlas, pues cada vez que una rompes pierdes valor en tu vida. Quizás el problema sea mio, que tonta y muy inocente me sigo creyendo en tu mente presente, desde el mismo instante en el que por primera vez me lo prometiste. Hace años que dijiste, no cariño no me marcho, y años después ha zarpado de mi puerto el barco. Desde lejos me despido, haciéndote en mi cabeza mi enemigo, no quiero mas dependencia, ni física ni moral ni mental ni poética ni puntos ni simétrica ni rima ni gramática. No quiero nada que pueda darte, que tu egoísmo ya no me arrebate, que cada rincón de mi humilde cuerpo y mi tonta alma se han abierto en tu rescate, pendientes de un hilo y tu tan ladino como siempre rompiendo sin reconstruir, has venido y a la mierda sin importarte lo has mandado. Lo que te importa es cada instante que has ganado, porque en cuanto mi cuerpo esté vacío y ya no te aporte lo que ansías irás como los cuervos presto a por otro muerto.
Maldita la promesa que hice tan intensa que si titila se me rompe el equilibrio, uno tan pequeño que cada domingo sufre miedos de altura, miedos de que tu nombre acabe al final de una lista, acumulado con otros cientos a los que en ningún momento juré lealtad.