La habitación está inundada de un humo denso, espeso, casi sólido. No veo nada, ni siento, ni huelo, solo oigo. Se que espero algo, pero nada llega. Tengo el presentimiento de que tengo que escuchar una señal, pero sigo en espera. El humo se me mete en mi nariz, intruso, sin causar efecto. Intuyo que me llega al cerebro, no lo noto, pero creo que si me mirase al espejo lo vería en mis ojos. Es como estar sumergida en agua, pero no me ahogo, solo espero.
Nada llega entre el color grisáceo. Supongo que seré una sombra en una habitación, una figura que se percibe solo al estar demasiado cerca. No me muevo. Espero. Siempre espero. El humo empieza a ser mi compañero, empiezo a imaginarme su roce entre el pelo.
No estoy mal, no estoy bien. Estoy nublada, literalmente. Empañada, borrosa.
Estoy...¿Estoy?
A veces creo que no estoy, que soy una porción de humo que se cree distinta, una intención de núcleo de condensación.