jueves, 21 de enero de 2016

Cito, y no textualmente.

Imagina por un momento, tan solo un momento y desde muchos puntos de vista.

Una noche de otoño temprano, de madrugada, en la cama con tu chica. Los dos abrazados, la ventana casi cerrada. La única luz que alumbra es el de una farola lejana. Una brisa entra traicionera y dices "hemos hecho cálida la penumbra".
En ese momento todo cambia, activas la poesía y la oscuridad se calma. Todo parece algo más luminoso entre vosotros. Ella, que estaba en tus brazos, se gira. Te mira, como siempre lo hace, tan profundo que escuece. La suavidad de su pecho te abraza.

Una habitación, vista desde una de las esquinas superiores. Una cama en medio y tan solo una mesita de noche al lado, sin lámpara, con un libro y un reloj. El resto de la sala no importa, aunque nos fijaremos en la ventana. Derrama luz tenue naranja, y observamos, lentamente, a los dos enamorados.
El chico está tendido, algo erguido, con la espalda de su chica en el costado. La mira dulce, la mira fuerte, la mira poeticamente...


La noche ha sido larga, tengo relajado cada uno de los músculos de mi cuerpo. Ha sido perfecto, como siempre que estoy con él, y aunque ahora parezca que no me importa... Estoy de espaldas porque no tengo nada que temer, porque se que sin mirarlo lo voy a ver. Noto su cuerpo, se su posición solo con sentirlo. Se que me está mirando. No quiero moverme, por si pierde la cuenta de los lunares de mi cobertura. No quiero moverme, para seguir notando sus ojos deshaciéndome.