viernes, 14 de abril de 2017

Carta a una herrera.

Pude ser errante, sin hogar más allá de la hoguera de mi pecho. Vengo de origen difuso y marcho hacia futuro incierto. Aprendí a luchar por hermanos con los que no comparto sangre. Me acompañé solo del metal de mi arma y del fuego de mi sangre...

Ahora el sentido de giro de mi mundo ha cambiado y desbocado sale en tu busca. Puedo decir con orgullo a donde pertenezco, a donde voy e incluso de donde vengo. La estrella más brillante de mi cielo, mi motivo, mi verdadera reina. Eres tú todo ello, mi más valiente guerrera. Eres tú por quien empuño acero en cada batalla.

Es por ello por lo que quiero que guardes esta humilde y torpe carta. Para que si muero tengas claro que en este o en cualquier otro mundo haré por encontrarte. O para que, si por raros designios del destino continúo con vida, sepas que no hay peor muerte que vivir sin ti, así que no cesaré de buscarte.

Que el animal que habita en nosotros nunca se amanse,
Edith.