Aun no he decidido si recordar olores es una bendición o una dulce condena. El hecho de quedarme enganchada a una piel a veces no permite salir del círculo que traza su aroma.
Es domingo y has vuelto a tocarme. En un principio pasamos de hielo a algo candente y desde que decidí echarle agua a nuestro conjunto todo había quedado en un angustioso "¿y nosotros?". Pero es domingo, y aunque escriba a martes, tú has vuelto a tocarme. Puede parecer tonto, aunque la libertad para abrazarte me da tanta vida que soy capaz de olvidarme del desastre. Un día tonto en el que, alumbrada por otra luz, te dije que me iba y respondía con rabia a tu distancia. Soy yo quien rompe, soy yo la que teme. ¿He de asustarme por sentir lo que mi corazón siente?
Era domingo y volviste a tocarme. Ahora es martes, pero sonrío al recordarte y pensar inocentemente en que la vida continúa y podré salir viva de ella sin perder medio pecho. Es martes, estoy contenta. Es martes, te saludo desde otro planeta con sus propias estrellas.