Se acabó, y con esto y sin querer le debo poner punto y final a lo que yo misma empecé. Un final que se me ha alargado en la mente, pero ahora soy consciente de que ya es hora de guardar tus cosas. Adiós a las copas en la estantería, al mapa que no guiaba, a la etiqueta de una sidra, al escarabajo azul y a las cartas. Adiós al ukelele, que sin haber aún sonado, se va desterrado al armario a convertirse en la sombra que me aceche día y noche. Adiós a la cuerda de mi bolso, con curiosa forma de soga. Seguro que mi ansiedad ahora mismo tiene esa forma...