sábado, 16 de noviembre de 2019

Amor en cuatro actos.

Acto 1.
Capitán, no sé cómo decirle que no entiendo qué hago en esta misión. Nunca he sido astronauta, nunca he salido de mi planeta, siempre me ha dado miedo perderme, siempre he preferido misiones en la Tierra
Capitán, realmente no sé si renunciar, que usted me promete que hay rosas en otros planetas, pero yo sigo siendo escéptica.
Capitán, tenía usted razón. Hay una chica que huele a rosas con un planeta tatuado en la espalda.

Acto 2.
Me haré trenzas para peinarme diferente. Me pintaré los ojos de un color alegre porque ella nunca me ha visto maquillada. Tengo que elegir ropa bonita para la ocasión. Quizá incluso le escriba un poema, esa nana que llevo unas semanas detrás de escribirle. Pero todo esto se queda en ilusión por un “mejor nos vemos más tarde” que termina en un “otro día mejor”.

Acto 3.
Yo ya iba por febrero mientras que la vida se había pausado en octubre, así que imaginen la aceleración que ha tomado mi cuerpo al frenar. E imaginen el sonido de mi ser al chocar contra el cristal.

Acto 4.
Ahora estás en la lista de nombres que duelen, en la de personas a las que me muero por ver pero que borro de las redes sociales, en la de objetos que debería retirar del día a día, en la de recuerdos dulces y dolorosos e inevitablemente en la de poemas tristes. Ahora volverá la rutina de repasar los posibles fallos, buscando qué pude hacer mejor... Hasta que llegue el momento de superación en el que asumo que el problema no es de nadie, sino de ser tú y yo y de que nuestras vidas no están escritas juntas. Mientras que eso llega, porque vaya putada, dedicaré los ratos a mezclar pensamientos autodestructivos con autocompasivos, para intentar llegar al equilibrio en el que vuelvo a quererme, pero esta vez sin tu amor añadido.