Capitán, no
sé cómo decirle que no entiendo qué hago en esta misión. Nunca he sido
astronauta, nunca he salido de mi planeta, siempre me ha dado miedo perderme,
siempre he preferido misiones en la Tierra
Capitán,
realmente no sé si renunciar, que usted me promete que hay rosas en otros
planetas, pero yo sigo siendo escéptica.
Capitán,
tenía usted razón. Hay una chica que huele a rosas con un planeta tatuado en la
espalda.
Me haré
trenzas para peinarme diferente. Me pintaré los ojos de un color alegre porque
ella nunca me ha visto maquillada. Tengo que elegir ropa bonita para la ocasión.
Quizá incluso le escriba un poema, esa nana que llevo unas semanas detrás de
escribirle. Pero todo esto se queda en ilusión por un “mejor nos vemos más
tarde” que termina en un “otro día mejor”.
Yo ya iba
por febrero mientras que la vida se había pausado en octubre, así que imaginen
la aceleración que ha tomado mi cuerpo al frenar. E imaginen el sonido de mi
ser al chocar contra el cristal.
Ahora estás
en la lista de nombres que duelen, en la de personas a las que me muero por ver
pero que borro de las redes sociales, en la de objetos que debería retirar del
día a día, en la de recuerdos dulces y dolorosos e inevitablemente en la de
poemas tristes. Ahora volverá la rutina de repasar los posibles fallos,
buscando qué pude hacer mejor... Hasta que llegue el momento de superación en
el que asumo que el problema no es de nadie, sino de ser tú y yo y de que
nuestras vidas no están escritas juntas. Mientras que eso llega, porque vaya
putada, dedicaré los ratos a mezclar pensamientos autodestructivos con
autocompasivos, para intentar llegar al equilibrio en el que vuelvo a quererme,
pero esta vez sin tu amor añadido.