sábado, 16 de noviembre de 2019

A veces hay que hablar brusco para que entiendan.


Esta noche va a ser noche de triunfo, lo presiento, lo huelo, voy decidida.
Entro en la discoteca y las veo. Entre las luces, el humo y la música, las veo. A todas ellas. Bailan, gritan, saltan, me miran y sonríen. Llevan horas de maquillaje, colores brillantes y gloss para hacer los labios aún más grandes. Por el poco espacio de la sala se chocan conmigo, me rozan, me derraman la copa, me piden disculpas. ¿Me provocan? Con esos vestidos ajustados, los escotes bien bajos, las faldas cortas y los taconazos. Litros de perfume que turban mi cabeza, bailes poco decentes hasta para la época. Tanta belleza debería estar prohibida por la seguridad de estas chicas. Pero, ¿saben? Yo desvío la mirada y sigo a lo mío, que para eso he salido con mis amigos.

Señores, les enseñaré una palabra: autocontrol.

En un momento de la noche voy al baño y me encuentro sola con otra persona. Una muchacha apoyada contra el lavabo, claramente borracha, con la cabeza gacha y el vestido descolocado. Me acero: hora guapa, ¿te pasa algo? Y la chica solo acierta a quitarse el pelo de la boca y gemir un “me he pasado con las copas”. Miro alrededor: nadie. La miro a ella, a la que se le ve claramente el sujetador de encaje. Mi oportunidad, ella no puede ni defenderse. Se me hace la boca agua, le pongo sin delicadeza alguna la mano en la cintura... Y la ayudo a lavarse la cara, recomponerse y buscar a sus amigas. ¿Qué creíais? Si yo al baño solo quería ir a mear, retocarme el pintalabios y nada más.

Señores, les recordaré una palabra: autocontrol.

Al final de la noche, volviendo feliz y borracha a casa con mis amigos, pasamos por una calle oscura y estrecha. De frente, dos tipas. Cogidas de la mano, contoneando las caderas, exhibiendo bien que vuelven juntas de fiesta. En mi grupo somos 5. Ellas, tan solo 2. Nos vamos acercando y la pareja cruza de acera, agacha la cabeza, bajan el tono de la charla y se cierran la chaqueta. Venga bonita, ¿por qué no me dejas que te vea? Una es rubia y otra morena, para todos los gustos, aunque siendo sinceros, en esta calle a oscuras da igual. Nunca hace falta excusa. Sigo caminando con mi grupo, ellas pasan de largo aliviadas, ¿qué esperaban? Yo solo quiero volver a casa, quitarme esta maldita ropa ajustada y morir de resaca en la cama.

Señores, les repetiré una palabra: autocontrol.

Que a mí también me gustan las mujeres, me encantan. Se me cae la baba cuando bailan y me derrito en sus faldas. Pero me gustan libres y fuertes, a la distancia que ellas quieran y no a la que dicte mi entrepierna. Me gustan las mujeres y como me gustan, las respeto. No por ser de su mismo género, sino por ser personas. Que os quede claro: a una persona sin su consentimiento no se le toca.