viernes, 7 de febrero de 2020

¿Musa en paro busca poeta?

Cada vez que me miras como si fuese una diosa, se me caen plumas de las alas y pierdo altura de vuelo. Yo misma me daño las manos colocando la cadena en mi cuello, de la que cuelgan eslabones: uno por cada uno de tus halagos.
Cuando me dices, conociéndome de tres frases, que tengo una cabeza prodigiosa, se suelda metal a mi condena. Cuando me pides futuro, incluso antes de tener un presente juntos, aumenta el peso de lo que me apresa. Pues la diosa no soy yo; mi existencia es de carne y hueso, mortal hasta los límites a los que llega mi voz, suave. La diosa es aquella mujer que vive en tus ideas y de la que me responsabilizas sin piedad alguna. Y yo, contestataria, me araño la piel frente a ti para quitarme el disfraz que me has impuesto. Reclamo mi derecho a no ser digna, a no ser absolutamente nada. Grito en busca de la simpleza de mi día a día. Rechazo intensidad, contradiciendo lo que pedía antes mi boca.Quiero ser guerrera de mi propia lucha, sin dueño que me cosa expectativas a cada beso disfrazado de ternura en la nuca.
Claro que puedo ser aquello que buscas, siempre y cuando pintes a tu gusto lo que encuentras.
Lo siento: yo ahora no quiero ser musa, he aprendido a ser poeta.