Hola cariño.
¿No te parece un día raro?
Estamos a 18 de febrero y salgo a la calle en camiseta, pero en vez de echarle la culpa a febrerillo el loco o al cambio climático decido que estamos a finales de verano. Hay veces en las que el espacio tiempo se pliega y se unen días presentes con días de un futuro vete tú a saber cómo de lejano. Hoy parece ser uno de esos puntos y ahora estoy viviendo el clima de mediados de septiembre, esos en los que el cielo se nubla aún con claridad y da frío, pero no lo suficiente como para dejar de notar las manos. Un tiempo raro, ¿verdad? Porque la Raquel de ahora le está escribiendo a una persona que no existe aun en la vida de Raquel, sino a una futura persona que me inspira ahora pero que no aparecerá hasta quién sabe cuándo, o qué. Qué raro, pero en el trayecto de tres minutos entre mi casa y el metro me ha dado tiempo a pensar que me sobra el chaquetón en el brazo, que vaya putada que no quepa en la mochila y entonces me acuerdo del chaquetón/mochila de mi hermana, y decido mandarte un audio contándote toda esta estupidez. Es entonces cuando una mujer me para para preguntarme cómo se recarga la tarjeta, y toda intención de mandarte un mensaje se queda en el aire. Hago la buena acción del día recargando diez euros que no son míos ni para mi. Entro en el vagón y mi asiento favorito está lleno, toca sentarse en mi segundo favorito, cogiendo el móvil y recordando que te iba a escribir.
Espera, si aun no existes, ¿nadie va a recibir esto entonces? ¿Aun no existe la posibilidad de mandar mensajes en el tiempo? ¿No puedo hablarte de cómo voy a clase de inglés sin ganas porque el cielo está gris y preferiría ir de tu mano a comerme un helado?
Se me ha perdido la mirada en el fondo de la ventana pensando esto y mi cabeza da un salto giro tirabuzón o conexión incorrecta mortal porque me ha dado un tick en el ojo. Mi sensación se ha ido tan lejos de mí que se cree viajera independiente mientras que me manda las reacciones que he de tener. La cabeza allí, el cuerpo aquí. Contigo pero sin estar con nadie. Quizá ese alguien sea yo misma y por eso me siento tan acompañada. Quizá aun no me haya aceptado y por eso pienso en futuro, con esperanza de llegar a ver ese momento. Quizá tan solo estamos a martes, y yo ya voy por el domingo.