martes, 17 de marzo de 2020

Hace frío pero no quiero cerrar la ventana.

Me pesa la soledad, tanto que creo que ha tomado vida propia y ha salido para mirarme desde fuera. Mi soledad araña las paredes con más fuerza que yo, pero son mis uñas las que se astillan y la sangre de mis venas la que brota en esta cuarentena. En un intento de escape abro la ventana para que entre al aire y el sabor a libertad inunda la habitación, pero no podemos salir. Mi soledad y yo estamos confinadas a cuatro paredes entre las que amarnos, odiarnos y volvernos locas. Porque no hay mejor soledad que la acompañada por la tuya misma. Pero comienza a llover y el sonido de las gotas retumbando en el tejado de enfrente borran cualquier pensamiento existente, no hay nada que pase por mi mente. 
En blanco. 
A solas.