Simple humano con propiedades de historia, modificando mi pensamiento a su antojo. No le hacen falta más artilugios que sus palabras, su risa y su nariz para poner patas arriba mi filosofía de vida. Sumándole su olor, que me cambia las corrientes de pensamiento y desbarata las reflexiones ya hechas.
Simple humano con propiedades de máquina, modificando mis circuitos a su antojo. No le hacen falta más artilugios que sus palabras, su mirada y su sexo para poner patas arriba mi sistema operativo. Sumándole sus abrazos, que me cambian las bases programadas y desbaratan hasta el hardware.