Despertar de la naturaleza previamente dormida, acechante, dejando paso a descubrimientos otras veces hechos, pero que ahora brillan con luz diferente.
Flores en el borde del camino, color amarillo emergente, olores nuevos que te inundan al entrar acompañados del aire caliente.
Alegría, sonrisa, incertidumbre, emoción: sentimientos alborotados, como si el viento hubiese soplado contra el montón de hojas apilado por el otoño anterior.
Nueva esperanza, ardor de futuro y pasión presente...
Todo esto es enamorarse, pero bien podría ser la llegada de la primavera tras el apagado invierno. Una chispa que brota, tan rápido como calmada. Semilla plantada en el pecho para crecer y crear historia. Imposibilidad de derrota. La necesidad de regar la ilusión que brota junto a la facilidad de cultivar lo que por sí mismo está destinado a enraizar.
Enamorarse es sentir lo mismo que cuando vuelve la primavera, o la vuelta de la primavera es enamorarse sin necesidad de correspondencia.