lunes, 22 de junio de 2020

Me ha besado.

Si pudiese parar el tiempo, me quedaría en lo estático del beso. Le pediría a los segundos que se detuviesen en el punto exacto en el que rozo sus labios, con los ojos cerrados, y noto como expulsa el aire de la espera muy despacio en un suspiro. Y desde ahí, desde esa pausa en el transcurrir de las horas, sería capaz de transportarme a paraísos de otros planetas. Recorrer sin necesidad de movimiento todo el universo, tocar las estrellas sin arder, llegar al fin del mundo que aun no conocen los científicos, y volver. Pero saliendo de la metáfora, esto es una manera de decir que, aunque no sea capaz de parar el tiempo, los segundos que dura su beso me saben a vidas enteras por descubrir.