lunes, 15 de junio de 2020

Pequeño detalle.

Un grupo de gente, en una mesa, cenando, conversando, y el resto del mundo girando al ritmo usual. Todo se desarrolla de manera normal, hasta que hay un 'clic' en mi cabeza que me hace volver a mí misma y ser consciente de mi cuerpo como objeto que forma parte de la escena.
 
Dejo de observar la mesa, dejo la comida, dejo de hablar, y el resto del mundo deja de girar a su ritmo habitual. Dejo la existencia conjunta con mi alrededor para centrarme en el tacto de mis uñas rozando en la yema de mi dedo gordo, el mechón de pelo que me limita la visión, el sabor dulce de la salsa de soja en la boca, la leve presión del pantalón sobre un vientre hinchado por la cerveza, y algo más. Hay algo que no estaba teniendo en cuenta hasta entonces pero que ahora, habiendo vuelto a mis límites corporales, siento como pilar para seguir anclada a este instante.

Un grupo de gente, en una mesa, cenando, conversando, y el resto del mundo girando al ritmo normal. Bajo la mesa, mi pierna descansa contra su rodilla de una manera de lo más natural, como si hubiese estado apollada allí siempre. Me pregunto cuánto rato llevamos así, si él se habrá dado cuenta, o si por el contrario, sigue viviendo en lo que ocurre por encima de la mesa, en el universo en el que la gente suele vivir.

Los pequeños detalles siempre quedan por debajo.