Si asumimos el hecho de que en lo sencillo reside lo bello, será fácil hacer referencia a la manera en la que lo quiero. Podré recurrir a decir algo como "ahora siempre encuentro a Casiopea al mirar al cielo", hacer referencia a que le escribí una oda a su nariz, cantar la canción de Shakira, practicar el deporte olímpico de reseñar nuevas cafeterías o inventarme cada mes una manera distinta de pedirle un beso (siendo la última el gesto de fruncir el ceño).
Sin embargo, por más que pienso todo esto, no es fiel reflejo de lo que siento. Y ahí va, aunque suene mal, lo que me gustaría que entendiese de verdad: estar con él es como estar a solas. No se asusten, no me refiero a que su compañía no me basta, sino a que sus ausencias me sobran. A que a su vera la cabeza no se me sobrecarga y sobre todo, al placer de poder hacer lo que me de la gana.