martes, 13 de diciembre de 2022

Trastocada.

 De todas las ciencias conocidas, es sin duda la física mi peor enemiga.

He procurado entenderla por activa y por pasiva, con y sin ganas, sola y en compañía... 

Cuando creo que he atrapado uno de sus hilos entre mis ideas, llegan las reglas a golpearme con sus excepciones. 

Cada vez que alguien me tiende la mano en la distancia, articulando la pregunta "¿bailamos?", el momento se vuelve ingrávido. Mis pies no tocan el suelo mientras me acerco, mi peso se reduce a cero por ausencia de gravedad. Puedo girar eternamente, con solo el impulso de la mano ajena. Hasta que la canción finaliza, el baile se pausa y la física vuelve a multiplicar mi masa por la cifra normal. Vuelvo a andar pegada a tierra. 

Y yo sigo sin entender las leyes, así que continuo con la existencia, ignorando el incidente.

Los días pasan, con sus horas, sus minutos, sus segundos correspondientes...Pero por sorpresa me encuentro sentada frente a un café y mi reloj se ha despistado. Esta vez parece ser el turno de desaprender el espacio-tiempo. Y no sé si esto es relatividad, pero la duración del momento se ha vuelto relativa. La realidad ha adquirido textura de plastilina, he perdido los puntos referencia. Sin saber qué pasa, las horas se han comprimido en lo que la percepción juzgó como instante. Me inunda la sensación de que mi alrededor se pausa. Estoy sumergida en agua. El corazón late lento. Hasta que el sonido de una carcajada me saca del ensueño. Las manecillas en mi muñeca vuelven a girar. Las dimensiones se comportan de nuevo de forma normal.

Una vez más, sigo sin entender estas reglas. 

Tal vez en la poesía no me pierda.

Me rindo. 

Abandono la ciencia.