"Las especies pirófitas o pirófilas son especies vegetales, que como su etimologia indica, les gusta el fuego. Les gusta el fuego básicamente porque son capaces de soportar un incendio."
La época de alto peligro de incendios forestales
se establece mediante una orden anual
cubriendo,
al menos,
julio, agosto, septiembre.
La Junta de Andalucía amplía este periodo,
sumando octubre.
Si me preguntan a mí, los riesgos se acentúan en enero, quizá extendidos hasta febrero.
Si me preguntan a mí, cada comienzo de año se presenta como catástrofe forestal.
Todas las ramas, todas las raíces que tan bien ancladas estaban, crujen cobardes ante el fuego.
La fauna huye despavorida.
Un ciervo despistado se ve tragado por el ardor y en sus últimos instantes,
le sonríe al incendio.
El bosque se renueva, y aunque los especialistas medioambientales juren que es un desastre,
desde dentro se siente como inevitable.
Y una vez sucedido
solo queda que los fantasmas dancen entre escombros pintándose de ceniza,
masticando los rescoldos.
Paisaje quizá aterrador para la lógica,
pero pintoresco para el valiente.
Todo lo que ayer era presente se convierte en una fotografía para rememorar.
Quizá no importe tanto,
quizá algunas semillas incluso lo estén celebrando.
Porque cualquier final da lugar a novedad.
Pero ya saben:
donde hubo fuego, tengan cuidado de no soplar.