He intentado bajar las escaleras, pero mis piernas no me lo permitían: cada movimiento era un pinchazo que me recorría desde la cadera hasta el tobillo, y creed que no es agradable.
Me he dado la vuelta entonces, derrotada y he cerrado tras de mi la puerta de mi habitación. Me he dejado caer hacia atrás hasta apoyar la cabeza en la madera y mi respiración se ha empezado a acelerar. El mareo es inminente, la vista se nubla cada vez mas hasta que mi visión se reduce a destellos.
Intento moverme pero mi cuerpo se ha sumido en una serie de sacudidas violentas que me engarrotan los músculos. Pierdo totalmente el control, tanto físico como mental.
Entonces, me ha ocurrido. Todo se ha parado, vuelvo a recuperar todo tras un estallido.
Doy un paso, otro... Me quedo en medio de la habitación. Todo se ve demasiado claro, las cosas desprenden humo sin estar quemándose.
Lo he sentido, sé lo que es... Cierro los ojos y agito el aire sin necesidad de esfuerzo.
Abro los ojos.
Sonrío.
Miro a mi espalda y allí están, dos alas enormes, preciosas, nuevas...
Puedo verme en un instante tan alto...