De tu cama nos fuimos a nuestra nube, un camino directo que dura unos cuantos besos.
Pasamos de los abrazos a los escalofríos por tu espalda.
Rápidamente se convirtió en una corriente eléctrica que nos cargaba. Tus manos me daban calambre.
Por los paseos en tu cuarto revolviendo zapatos y sudaderas, mecheros y libretas. Tus letras sobre mis metas. En mi cadera te cuelas y el fin se acerca.
El invierno se olvida de nosotros por unas horas, que tus labios son lo mas cálido que he probado nunca. Mejor que chocolate caliente.
Una habitación. No son mas que cuatro paredes, pero tal vez para mi es el sitio mas acogedor por el mero hecho de que tu cuerpo me protege.