Nacimos.
Nacimos del polvo,
pero nuestro destino
son las estrellas.
Nacimos.
Crecimos y vivimos
mirando al cielo,
sintiéndolo nuestro.
Y qué vimos en el cielo, dirás...
¡Inmensidad!
Y es que nacemos a gatas,
pero nuestro destino es volar.
Que del suelo pasaremos al viento
y partiremos para buscar nuestro lugar,
de nuestras almas surgirán alas.
Qué destino deparará el viento, sabio mensajero,
más viejo que la propia tierra.
Un mar de plata quizás, nacimos llorando
pero nuestro destino es sonreír.
El soplo de mil vidas que nos quedan,
una corriente de oportunidades por vivir,
felices y ajenos al suelo, del que despegamos sin despedir.
Del que jamás sentiremos anhelo,
porque nacimos para partir.
Qué nos hizo el suelo, para no sentir su anhelo...
Quizás atarnos a una única vida, la que nos impedirá vivir las mil restantes
y la que nos hará desaprovechar mil y una.