Se me agotan las maneras de pensarte.
Te he imaginado desde cada ángulo, con todo tipo de detalle. Con música de fondo y con un silencio absoluto.
He creído escuchar tu voz entonando miles de frases, todas dirigidas a mi en mi humilde delirio.
He llegado a imaginar mi cara, el gesto que de forma involuntaria se formaría en tu presencia.
Puedo contarte todas las maneras en las que te he conocido, y en todas no pido más que una sonrisa y un hasta luego.
Me atrevo a hacer planes contigo, imaginar a donde llevarte para enseñarte que puedo ser para ti.
Incluso he llegado al momento en el que te das cuenta de que no soy lo suficiente, lo que buscas o lo que quieres y me dices con voz tenue que no quieres volver a verme.