- Mírate, ¿a dónde vas con esa cara? Esas ojeras, las cicatrices de haber intentado disimular las espinillas, ese pelo dislocado... ¿Qué pretendes? Llevas en el cuerpo algo que te duele y se nota. Quítate ya la máscara, llora un rato con nosotros, con los tristes de verdad. No le tengas miedo al resultado, no creo que pueda salir peor.
- No creo que sea necesario, tampoco estoy tan mal.
- Eso es lo que tu crees. Observa cada uno de los momentos en que te quedas a solas. No me digas que no sientes presión en el pecho y que a veces sube hacia la garganta. ¿Sabes por qué?
- Me imagino el motivo...
- Son nuestras manos intentando salvarte.
- ¿Me quieres salvar haciéndome daño?
- ¿Acaso hay algo bueno en la vida que no haga daño? Si comes mucho chocolate te da azúcar, si disfrutas mucho pierdes el trabajo, si trabajas mucho pierdes el disfrute, si follas mucho te consideran ninfómano, si bebes mucho serás alcohólico. Así con infinidad de cosas.
- Tampoco hay que llegar a los extrem...
- ¡¿Qué no?! ¿Sirve de algo amar sin pasión? ¿Comer sin hambre? ¿Beber sin sed? ¿Follar sin ganas? No, no no... Todas esas cosas hay que hacerlas en un punto concreto para disfrutarlas de verdad. Si te la meten con desgana será un polvo mediocre y si comes sin hambre incluso la mejor delicatessen del mundo será algo insípido que solo te hinche el estómago.
-Bien, estoy de acuerdo en parte. ¿Pero qué tiene que ver esto con el inicio de la conversación?
- Bah, estamos cansados de que intentes buscarle sentido a todo, Raquel. Todo en tu vida iría mejor si no le dieses tantas vueltas a la cabeza y dejases al cuerpo hacer.
- No jodas. Cuando he dejado al cuerpo hacer luego ha tenido que ir la mente a rescatarlo. O al menos a arreglar los daños hechos.
- Porque tienes al corazón en medio de todo.
- ¿El corazón va en el cuerpo o en el cerebro?
- El corazón es un simple estorbo, aunque los fisiólogos digan que es vital. Piensa con la cabeza fría, libre de toda mariconada tuya, y actúa con los instintos. Los perros se lanzan salivando hacia la comida.
- La comida podría estar envenenada.
- Si, exacto. Entonces hablemos de perros que se lanzan salivando hacia la comida pero antes la huelen para ver si hay algo extraño.
- Ya le estaríamos metiendo el corazón.
- No confundas. El corazón estaría dentro si aún sabiendo que si te lo comes te mueres, quieres comértelo.
- ¿No es eso el cerebro?
- No, a ver, nos explicaremos mejor. Pasas por un trozo de pizza suculento y si tienes hambre tus instintos te hacen querer engullirlo lo más rápido posible: el gusto, la vista y el olfato tiran de ti. Mientras tanto tu cerebro analiza si es correcto. El corazón es una pasión externa y estúpida. No sirve de nada comértelo si tu cuerpo no lo necesita, por lo que tus instintos no te lo pedirían, o desear comerlo en caso de que no pudieses, porque tu cerebro iría en contra.
- Ya lo entiendo.¿Ahora qué?
- Aplícalo.
- Mi madre dice que no sirve de nada llorar por cosas que sabemos que no merecen la pena.
- Pero tu cuerpo está tenso y necesita soltarlo. Tu cabeza también lo agradecerá.
- ¿No llora acaso el corazón?
- A la mierda el corazón, no sientas más. No te preguntes, no pienses, no hagas nada. Déjate llevar sin que te afecte el mundo. Hazte impermeable.
- Impermeable... Puede ser una buena idea.