Sigue mi piel quemándose a tu leve roce, erizándose el vello (a lo mejor con la intención de estirarse y volver a tocarte). El mundo se desmorona en tu presencia, a veces floja, pero muchas otras tan intensa... En mi indefenso ser no parece caber la probabilidad de borrar tus huellas, caladas tan hondo que harían falta pico y pala.
No puedo sentirme realizada si tengo tu cuerpo tan próximo y tan lejano, al alcance de la mano y sin poder tocarlo. ¿En qué situación quedo cuando comienzan los juegos? O me uno apostando o me retiro incómoda a una esquina a lamerme las heridas como gata de una pelea recién perdida.