viernes, 2 de septiembre de 2016

Motivos

Los minutos están tendiendo últimamente a acercarse al límite de infinito, siendo siempre el aburrido sonido del reloj el que me empuja con sorna y me dice "da un paso más, maldita retrasada". Se me hace el tiempo tan espeso como la miel a 0º, colándose en mi cuerpo por las heridas en las que escarban, buscando el corazón. Por el contrario mi querida ansiedad llega destructiva, con su manía de arrasarlo todo a su paso al manotazo limpio del sinsentido.

Septiembre se ha clavado como un puñal (mejor diré dos, ya que han pasado tantos días) ardiente que funde todo hueso que me sostiene. ¿Qué me sostiene? Tan solo mi débil esqueleto, ocupando más espacio del que debería en un mundo que me odia. No hay manos que realcen mi figura, ni que peinen mis imperfecciones con bocas llenas de ternura. No hay abrazos en físico que calmen la tormenta, tan solo unas palabras en una pantalla que quema las retinas. Cada fibra de mi ser vibra en una dirección, creando la angustia en todo el cuerpo, un choque constante que duele y duele y duele por momentos. ¿Qué o quién va a decirle a mis pensamientos que huyan más lento? No tengo control de mí misma, ¿cómo iba a causar así algún efecto?

Me desvanezco a modo de humo hediondo; giro, me expando, me aclaro y desaparezco. Me quema el alma en este pecho tan feo y pequeño; se me derriten las fuerzas de piernas para abajo, bien representadas en esta carne blanda. Frágil; palabra perfecta para mi existencia, a veces representada como fuerte, a veces como una cutre merienda.

Un infierno se crea por dentro. ¿Por fuera sonrío? Perdona, quizá tuviese el piloto automático puesto... No hay motivos para esto, no, pero invisibles los tengo. A gusto de un ser que no se conforma con respirar, pero al que le falta la valentía suficiente para vivir.