lunes, 21 de noviembre de 2016

Como en la canción de Antílopez

Nunca he creído en este tipo de hadas, pero ahora se me aparecen cada mañana y me enseñan que quizá la magia existe. No se han apiadado de mí; han aparecido ambas de golpe, portando una el día y otra la noche.

El hada de día es un animalillo escurridizo, quizá un ratoncillo astuto y huidizo. Se me presenta de golpe y sin avisos previos, dejando claro su presencia, pero siempre cerca de la madriguera. Revolotea a mi alrededor, nerviosa, de puntillas, con la sorpresa como aura. No tengo ni idea de que quiere, pero tiene claro que causa magia.

El hada de noche es un ser más corpóreo, con paso lento, con paso firme. Suele generar una música que anticipa su llegada, a diferencia del hada de día que viene como tromba de agua, la de noche es una suave oleada. Es la magia personificada, de la que a mi me gusta, de la que nadie capta.