martes, 28 de noviembre de 2017

Fricción

Venga, cariño, quiero una noche de esas en las que se nos va la cabeza. No sé quién eres, ni me importa. Lo mismo piensas, ¿no? Si ahora mismo lo único que hacemos es mirarnos, cada uno desde una esquina de la sala, y relamernos con vicio. Las heridas se curan mejor si te las lame otro, así que vamos, hazme traje de saliva para que cicatrice la vida.
No sabes quién soy, ahora mismo tan solo estás rodeándome como animal en pleno cortejo. Exhibe tus plumas y déjate de tanta palabra. Hoy no me importa quién seas, solo que no lleves ropa y que la mía dure poco.
Venga, tú, acércate de una vez y destroza estas ganas tontas de morder un cuello. Se me hace la boca agua mientras escribo desde el sofá, pero no puedes huir a ninguna parte cuando la tentación y el vicio se te meten dentro. Solo hay una manera de sacarlos y supongo que os la imagináis. Perdonad, pero llevo toda la tarde con una imagen muy fija en mente: empujarte contra la pared y atacar sin piedad.
Oh... Maldita sensualidad. Cruza las piernas, gira, mueve esa cintura, deja suelta las caderas... La lujuria me está bailando un tango. A mí me gusta bailar; esta noche voy a bailarte, o a follarte, o a quién sabe qué mientras que tu barriga pegue con la mía. Abrocha tu ombligo al mío, que nos vamos de cabeza al vacío.