domingo, 3 de diciembre de 2017

Tormenta morada.

Me he inventado que todas esas palabras van hacia mí y, extrañamente, me siento mucho mejor. Me gusta imaginar cómo tú sentimiento se parece al mío, que en nuestras miradas se esconden versos impronunciables... Pero una vez más, no tengo ni idea y nada puedo afirmar. Por lo pronto me resigno a un par de abrazos con fecha, a las caricias pedidas a gritos. Por lo pronto no puedo pedir nada más, porque si pido significa que destapo tu cabeza: me dolería demasiado que nada de lo imaginado fuese lo que habita en tus pensamientos.
Mejor gozar de la leve compañía inventada desde mi posición, aquella en la que los recuerdos se mezclan con el presente pintándome posibles respuestas. No sé, caballero perdido, si tus ojos esconden un mensaje que tengo que rescatar. Mientras tanto prometo aguardar con todo mi arsenal preparado, dispuesta a pescar cualquier atisbo de realidad que pueda encontrar en tu cuerpo.