jueves, 15 de noviembre de 2018

Borracha y con ciencia.

De entre mil millones de estrellas son las que hay en mi cabeza las que hacen que todo esto crezca. El pulso eléctrico que une minúsculas fábricas orgánicas, tan consistentes que podrían parecer magia. Magia que no cabe entre sinapsis, pues son los iones los que se encargan de formar el idioma. No seríais nada si no fuese por átomos con electrones descabezados. No somos más que un amasijo de química basada en física, explicada en matemáticas. El puro ingenio de la fuerza que impulsa al universo sin llamarse Dios, sino ciencia. Que no crea, que desentraña este mundo y que parece que a algunos les molesta. Poesía, bien. Magia, bien. Pero entender que no hay nada más bonito en este basto universo que entender el por qué de una sonrisa, beso, enfado o estornudo. Somos capaces, siendo simples humanos, de llegar más allá de lo que nuestros ojos ven por lo que han evolucionado. Animales que se creen dioses, porque no existen y tienen que ocupar su lugar. Un simple resultado del azar de la materia en sus infinitas vueltas y complejas leyes. Las seguimos sin saber, queriendo saberlas, intentando inventarles un sentido que tal vez no tienen. Sentido. ¿Tiene todo esto sentido? ¿De verdad pensáis que vamos a alguna parte? ¿Hay un final establecido? ¿Partimos desde una meta y corremos hacia algún destino?
Somos energía, somos materia. Ni nos creamos ni nos destruimos, solo creemos pensar mientras simplemente nos transformamos. Como todo al fin y al cabo.