Siempre escribo a lápiz, casi con total seguridad por el miedo a equivocarme y a tener que conformarme con la palabra que no encaja. Le tengo pánico a lo duradero, ya que mi ser inquieto siempre acaba por romperlo... Así que imaginad a lo eterno que puede ser lo escrito con tinta indeleble en el cuaderno.
Escribo a lápiz porque así le aseguro a mis líneas que no habrán de quedarse con un error de hoja perenne. Para que salgan tranquilas sabiendo que pueden seguir siendo caducas, como yo.
Siempre escribo a lápiz, también por el gusto de deleitarme con su rasgar sobre folio en blanco o sobre libreta vieja. Porque sigo siendo una triste bohemia a la que le encanta sacar sus penas en escala de grises.
El azul que se lo queden el mar y el cielo. El verde que se lo queden esos ojos que al estar a kilómetros ya no veo. El negro no puede ser para nada más que para su pelo. Y el rojo, para esos labios que ya no beso.