jueves, 29 de noviembre de 2018

Peor enemiga.

Cuando se me instala el nudo en la garganta se me traslada el bloqueo a los dedos. Quiero escribir, quiero soltar, quiero desahogar... Pero nada no puedo. No hay sentimiento válido, ni palabras que suenen lo suficientemente bien como para escribirlas. Todo lo que intento se me rompe entre los dedos, haciéndose ceniza que se lleva el viento. Intento, intento, intento. Si lo logro no es mérito, si no lo consigo ya podéis estar preparados porque me habré construido yo misma un precipicio por el que tirarme. La eterna condena del que no se reconoce a sí mismo como persona, creyendo a cualquier otro digno de mención mientras que en tu interior te torturas a navajazo limpio. Qué duro. Qué dura conmigo misma. Podréis verme admirando a cualquiera que tenga cabeza sobre los hombros mientras que me quejo porque ninguno de mis esfuerzos llega a buen puerto...
Qué bonito el mundo cuando las palabras amables salen de mi boca pero nunca se dirigen hacia mí, ni aún estando frente al espejo.