domingo, 2 de diciembre de 2018

Un punto en una foto, todo eso somos nosotros.

Mires esta vida desde muy cerca o desde muy lejos, siguen siendo las mismas leyes las que rigen el universo. El mismo punto que escribes al final de la frase, un punto y aparte para continuar con el mensaje que es un punto dentro de mil mensajes. Si no fuese porque alguien en algún momento tuvo la brillante conexión neural que llevó a representar esto que llamamos lenguaje como líneas curvas o rectas, todo esto no existiría y volveríamos a ser un punto no escrito. ¿Qué pasaría entonces? ¿Qué ocurre si no tenemos historia? Que seríamos un punto sin pasado registrado, con un supuesto futuro, pero un punto, al fin y al cabo. Como ese punto que hace cuatro siglos creíamos que no existía, un punto al que un tal señor Hooke dejó de llamar punto y llamó célula para pasar a descubrirnos que no conocíamos aquello de lo que estamos hechos. Más puntos perdidos, más puntos sin sentido. Más puntos muy pequeños como un átomo, un electrón, un neutrón, un quark, la partícula de Dios, tan importantes que a simple vista no se ven, porque al fin y al cabo son puntos en una representación de lo que llamamos mundo. Todo depende de la escala: una bacteria es pequeña en comparación con un óvulo humano, que es pequeño al lado del individuo que puede generar, que será grande al lado de una mosca, pero pequeño bajo un elefante… Todo depende de la escala, de la importancia que quieras darle al punto, pues nuestro planeta, tan inmenso, se queda enano entre todo este basto universo. Así que cualquier problema, por llamar de algún modo a un hecho, puede tomar el tamaño que desees según tu estado anímico. No siendo nada somos capaces de moldear la idea y cubrirnos con ella o reducirla a una mota de polvo que se pierde soplando. Somos capaces de hacer puntos, de ser el punto y de perdernos en ellos. Todo puede ser pequeño si lo ves desde lo suficientemente lejos.