lunes, 3 de diciembre de 2018

Piensa en mí mientras te lo bebes.

Antes de tomarte ya estoy excitada, pues tu simple idea ya me agita las ideas y me da muchas ideas... Tranquilo, ninguna buena. Se me acelera el pulso pensando en tu olor, tu sabor, tu calor... Joder, quiero beberte, que llenes sin piedad mi boca, que me manches los dientes, que no se derrame ni una sola gota... Con las manos temblorosas te pido y espero impaciente a que estés listo. Suele ocurrir que te necesito, que te has vuelto la droga más obscena día a día para mi cabeza loca. Intentaría dejarte, pero prefiero probarte siempre que pueda.
Llegas. Fuerte, ardiendo, con el cuerpo humeante, con la suave espuma... Y no puedo evitar agarrarte como si yo fuese moribunda y tú la cura. Se me escapa la sonrisa torcida mientras te miro, recordando que no debería y admitiéndome a mí misma lo que ya sabía: al fin y al cabo pasaría. Así que te acerco a mi boca sedienta cerrando los ojos y saboreando el contacto antes de que ocurra. Qué intenso, qué momento, qué incierto. Por fin te bebo, por fin siento la temperatura bajando por el cuello y llenando mi pecho. Un trago, pero un trago tuyo nunca me será suficiente. Te quiero entero, para eso no hay remedio y tampoco lo intento.
Pienso en ti mientras me lo bebo, pero no sé a quién me refiero. ¿De qué hablábamos? ¿Del café o del chico moreno?