Tres años dándole cabezazos a tu existencia y ha de ser otra persona, que ni te conoce, quien ha de venir a ponerte nombre. Yo en los poemas ya te había llamado de todo:
Desastre pronosticado.
Daño reincidente.
Imposibilidad negada.
Herida que no cicatriza.
Polo opuesto.
Pero te llamas "Efecto Concorde".
Por una batalla que ya perdimos hace siglos, incluso antes de empezarnos y aún así hemos reincidido en rascar con la uña y nuestros actos mil veces la herida. Siendo esta ya tan débil que tan solo basta una palabra para apretar el gatillo y abrirla. Un soplo a un montón inmenso de cenizas que vuelan y se avivan sin ya tener calor. Amor del que duele, del que mata y daña. Amor desgastado por el mal uso, pues en las instrucciones ponía muy claro "soltar en caso de que la relación se convierta en suicidio".