Hay respuestas que no se pueden dar con silencios, mucho menos con palabras, mucho menos, a distancia.
Hoy me he dado cuenta, de que hay respuestas que carecen de sentido, si no se dan en tres dimensiones.
Existen conceptos, ideas, sentimientos, que por largo que sea el tiempo del que disponemos, pierden el significado por falta de contacto.
¿Cómo le puedo contar a mi madre que la quiero, o que tengo miedo, sin abrazarla? Para que escuche mi voz cerca y amortiguada por su pelo. Para que sienta cómo tiembla mi cuerpo, buscando la firmeza con la que solo ella cuenta.
¿Cómo puedo pelear con mi hermana, sin tocarla? Nuestros típicos enfados alegres, en los que una se queja de la otra, porque al despedirse desprevenida le ha chupado la mejilla. O mis súplicas de socorro cuando me tortura con sus benditas cosquillas.
¿Cómo puedo saludar a mi gente, sin rozarla? Pues decir hola a través de una pantalla queda corto, me falta abrazarla hasta escuchar crujir la espalda. O sin besar mil veces sus caras cuando se avecina una despedida larga.
¿Cómo puedo decirle al chico que me gusta, qué mucho me gusta? Porque al brindar a través de la cámara se ve borroso, y no da el sonido reconfortante de las copas al chocar. O se me hace imposible memorizar el tacto de su barba, el perfil de su nariz, o el sabor de su boca al callarlo porque llevaba demasiados minutos sin besarlo.
¿Cómo saboreo los días de primavera, si se nos ha prohibido salir a conocerla?
Sin contacto físico, al no poder expresarse con exactitud, el cuerpo cae poco a poco en un estado de silencio.
Hablar, es contactar.
Sin contactar, se hace duro el hablar.