jueves, 2 de abril de 2020

Otro día más.

Llovió una eternidad, en la que el cielo se jactó de poder llorar sin reproches todo el daño que los humanos le habíamos hecho. Inundó parques, nevó montañas, lavó las calles durante 30 días y 29 noches. Prohibió al sol secar sus lágrimas, prohibió a los relámpagos salir, para impedirnos hablar de catástrofes. Llovió una eternidad de lluvia fina, repiqueteando las gotas en nuestras ventanas, llamándonos para pasear por una ciudad en cuarentena, en la que se nos tenía prohibido salir a jugar.