miércoles, 9 de septiembre de 2020

Este es el premio.

Salgo del vientre de mi madre
y todos la felicitan por haberme parido.
Me dan una palmada en el culo,
lloro,
celebran que estoy vivo.

Empiezo a dar mis primeros pasos,
y todos me fotografían y animan.
Voy sin rumbo de unos brazos a otros,
me caigo,
celebran que soy una más que camina.

Consigo articular algunas palabras,
y todos intentan que repita las suyas.
Ni los entiendo, ni me entienden,
balbuceo,
celebran que no sea muda.

Sobrevivo al colegio e instituto,
y todos presumen de mis buenas notas.
No tengo ni idea de qué hacer luego,
me pierdo,
celebran que haya pasado estudiando casi todas mis horas.

Encuentro el “amor verdadero”,
y todos visten de largo en mi boda.
Quizá hubiese preferido vivir de otro modo,
aprieto el ramo,
celebran que no me encuentre sola.

Me dan el título de doctor,
y todos quieren asistir a mi triunfo.
Ahora sigo sin tener ni idea de por donde seguir,
me estanco,
celebran que sepa mucho de “aquello de lo que me ocupo”.

Llegó el momento de que me jubile,
y ya no queda casi nadie aquí.
Me gustaría compartir el resto de mis días,
estoy aislada,
nadie celebra que he superado el reto de vivir.

Este es el premio que obtenemos,
y nadie entiende muy bien para qué.
Tengo una medalla colgada al cuello,
me pesa,
no entiendo el motivo por el que me esforcé.