Existe una distancia de másde 20 centímetros de altura y una mascarilla que nos separa. Además, cuatro años, ideologías y todo un estilo de vida de por medio. Dos formas de ser muy distintas: un sumiso y alguien que quiere que le sometan a la fuerza. Un comienzo de beso agresivo, y otro muy lento pero con continuo crescendo. Una cara de niña mala frente a una risa traviesa de niño bueno. Unos nervios, que infectan una tranquilidad y la vuelven inquieta.
Aún así, aquí estamos, bien pegados, haciendo lo propio de dos extraños excitados al despedirse después de haberse descrifrado un poco. Su altura se agacha un poco para estar a la mía, convinando con mis pies que se ponen de puntillas para compensar. Y así, de esa manera, es como se salvan las distancias.