lunes, 1 de diciembre de 2025

quizá buscaba y ahora

Encuentro en la forma en la que me miras una pausa del espacio tiempo. Se detiene el mundo y tan solo existen mi boca, tus ojos, mis palabras. Un momento tan claro, tan silencioso, que el sonido de lo que digo me retumba y mentiría si no dijese que da miedo. También yo me escucho. Se construye un espacio secreto para nosotros y creo estar sola contigo en este bar tan lleno. Encuentro en la forma en la que hablas, aun con el trago de cerveza en la boca, una provocación excesiva. Quiero ser ese líquido, mantenerme bañando tu lengua y colarme por tu garganta a la vez que oigo lo que dices. Recogerlo todo, sumergirme entre tus dientes y comprender el movimiento que articula tu voz. Que notes el sabor que desprendo al ser bebida por ti. Encuentro en la forma en la que me besas una caricia creada para confundirme, despertarme, amansarme, encenderme, apagarme. Y se me borra la memoria y no sé si ha ocurrido el beso o me he transportado a otro sitio y me veo en la obligación de volver a besarte. Y cada vez que lo hago prometo que presto atención. Me vuelvo a perder. Te vuelvo a besar y vuelve y vuelve y vuelve a pasar. Encuentro en la forma en la que sonries un abrazo sin contacto. Un derroche de ternura que me susurra que cuidas el mundo por el que transitas. Te rodea una calidez extraña en este lugar tan frío y me recuerdas al momento en el que se encienden las farolas cuando paseo en un atardecer cualquiera. No necesitaba luz para ver aún pero, cuando ocurre, se ve todo mejor. Encuentro en tu acento aires de casa. Entonamos una conversación con tintes de algo que nos viene de muy lejos y nos acompaña a mil kilómetros de distancia. Puedo reconocer el sonido de algo cotidiano en algo tan nuevo como lo eres tú y se me afloja el cuerpo como cuando noto la luz del sol acariciarme al volver al sur. Encuentro en tu nervio un desajuste del universo, un influjo desconocido que rompe el esquema de mi reloj y las leyes de la entropía. Llegas, agitas la bola de nieve, soplas fuerte y te vas. Llego, soy agitada, soy soplada y te vas. Quedo en una vibración extraña, unas ganas, una ilusión que no sé reordenar y simplemente me siento a ver cómo vuelve a reposar todo lo que ha volado. Desde mi tranquilidad intento atar el paisaje, pero aprendo que es improbable.

Encuentro en tu ritmo un juego nuevo que despierta todas mis curiosidades. Un impulso inocente, como el de los niños al descubri

Encuentro un mar de piezas que encajar y que no sé dónde buscar.

miércoles, 9 de octubre de 2024

.

 Habrá que tener en cuenta el juego previo, entrenar la paciencia y salivar lo justo para verte obligada a tragar. 

martes, 23 de enero de 2024

Instintos.

 Nos hemos mirado como dos ciervos midiéndose la cornamenta, 

adivinando quién hiere a quién. 

Nos hemos rodeado como un lobo acechando a su presa,

salivando por la anticipación del mordisco.

Nos hemos olfateado como perros en el primer saludo,

descubriendo a donde vamos y de donde venimos.

Nos hemos escudriñado como monos buscando parásitos, 

contando cada uno para luego alimentarnos.

Nos hemos acariciado como dueño a su mascota.

Y aquí me tienes, meneándote la cola. 

Me acordé de ti.

Sonamos a caminar sobre tierra mojada. Chapoteamos de camino a algún lado, dejándonos manchar hasta las cejas. A veces golpeamos fuerte contra el suelo, para soltar el barro seco y aligerar el paso. A veces hacemos un alto en el camino. Respiramos. Escuchamos el aire cálido meciendo las ramas. Crujen. Crujimos. Cruje tu labio al morderlo durante el respiro. Seguimos, con el sonido líquido empapando cada movimiento. Con la cabeza hacia atrás, disfrutando de las vistas. 

Sonamos a algo natural. Una ruta que la humanidad lleva haciendo siglos. Un mapa de piel guiado por el instinto. 

Os quiero.

 He decidido retroceder dos pasos respecto a mi posición normal. 

Sientiendo el vértigo de caminar de espaldas, he continuado esos dos pasos sin titubear.


Una vez bien dispuesta, segura del retroceso y disfrutando la nueva perspectiva, me he lanzado hacia otro paso, qu eno he podido dar.

Existe una pared mullida que me lo impide.

Cierro los ojos, y me dejo caer hacia atrás para explorar.

La resistencia del muro me sostiene dulce.

Noto una palmada en la cabeza, besos en la mejilla, una mano pesada en el hombro, abrazos de todos los tamaños, dedos apretando mis caderas y un buen suelo para descansar mis piernas.

He decidido retroceder dos pasos respecto a mi posición normal.

Sintiendo el sostén, mi pecho se permite inundarse de nuevas sensaciones.

Vuelvo a amar sin condiciones a todo aquel que me rodea.

Vuelvo a escribir, 

lunes, 9 de octubre de 2023

Asco.

 Se ha creado una asociación, como buen perro, entre su timbre de voz y mi salivación.

Ojalá fuese respuesta apetitiva, pero todo lo que me genera esta situación es aversivo.

El ventanal que hay detrás no me deja pensar claro.

Las vistas son demasiado bonitas como para condicionarlas. 

martes, 3 de octubre de 2023

Escritura automática pa' relajar el pecho.

 He dejado de mirad la pared, para dirigir los ojos a cosas que no me salen. A querer andar por la calle sin parar a pensar en un destino porque quiza cuando me pare pueda pensar que no quiero ir a ninguna parte más que volver atrás, muy atrás donde no había nada. Una nada que ahora se compone de dias sucesivos, unos buenos, otros malos, pero tan solo días que pasan y componen esto que se supone que se llama vida. 

Supongo que una línea es una sucesión infinita de puntos y que la vida es una línea y no puedo parar de poner puntos porque si no me queda el punto y final. Dibujar con un láoiz en una libreta cualquiera una figura geométrica para asemejar las vueltas y los quiebros que da todo. Quiero dibujar una espiral desde centro para que la fuerza centrífuga me mande bien bien bien lejos, a otros folios con otras historias que contar. Pasear por los trazos rasgados hasta encontrar la palabra exacta.

Todo esto que escribo tiene una imagen creada en mi cabeza. Me veo paseando por tierras de formas y fórmulas aritméticas donde no encajo porque me compongo de materia en estado gaseoso. Si me soplas puedo partirme en mil partículas, parte de un todo que no se considera nada porque vuelve a ser puntos generando una conexión.

Los sprays se componen de eso. Tienes que apreta rmucho para que las gotas formen algo con sentido. Quizá tenga que apretarme, empujarme, estrujarme para condensarme y recomponerme. Quizá solo sepa escribir triste porque la felicidad lo une todo y al tener sentido ya no tiene gracia y esa gracia parece hacer falta para validar lo que escribo. Escribo. He repetido las palabras hasta la saciedad pero hay vocabulario que se escapa de mis manos al no formar parte de lo que puedo admitir en mi personalidad.

Me duelen los dedos por escribir en mala posición y me duele la posición para poder escribir con los dedos. Ojalá decir que me gusta el sonido del teclado pero tengo los oídos tapados por trozos de goma espuma para evitar que el resto de humanidad venga a molestarme. Quiero aislarme y quiero irme. Siempre irme. Eso ya lo he dicho. Si me voy podré ver de donde me he ido porque ahora tengo miopía y no consigo apreciar de lo que me rodeo.

Escritura automática así que si hay alguna falta, no lo siento. Así se queda.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Nimiedades.

 Las farolas se encienden

casi por puro milagro

Y solo me percato

porque voy sola

y no miro al suelo.


Pero estar sola 

y no mirar al suelo

hace que quien va en compañía

y mirando al suelo

me mire.


Porque estoy a esta altura

y quizá por eso

levanto tanto la cabeza

Para salir del suelo

aunque no sepa volar.


Las farolas se encienden

con un sentido obvio

Los que vamos solos sonreímos

al haber presenciado el milagro

y nos reconocemos.

jueves, 13 de julio de 2023

Un poema de esos malos.

Por cada minuto que rompo en nuestra distancia

se crea un kilómetro entre la coherencia de las circunstancias

y los sistemas internacionales de medida se quedan obsoletos

porque aún uno dentro del otro

estamos demasiado lejos.


El espacio interpuesto sería lógico si hablásemos de iguales

no de dos direcciones que corren hacia el mismo lado

una persigue a otra

otra solo continua.


Aún así me empeño en acelerar

más de lo que mis huesos permiten

pero mejor que se rompan a soportar la lejanía.


Y poco a poco me quedo sin palabras

a la vez que me lleno de culpa.


Y poco a poco me quedo.


Sola, a lo lejos. 


Culpa.

miércoles, 18 de enero de 2023

Pirófila

"Las especies pirófitas o pirófilas son especies vegetales, que como su etimologia indica, les gusta el fuego. Les gusta el fuego básicamente porque son capaces de soportar un incendio."


La época de alto peligro de incendios forestales 

se establece mediante una orden anual 

cubriendo, 

al menos, 

julio, agosto, septiembre.

La Junta de Andalucía amplía este periodo, 

sumando octubre.

Si me preguntan a mí, los riesgos se acentúan en enero, quizá extendidos hasta febrero.

Si me preguntan a mí, cada comienzo de año se presenta como catástrofe forestal.

Todas las ramas, todas las raíces que tan bien ancladas estaban, crujen cobardes ante el fuego.

La fauna huye despavorida.

Un ciervo despistado se ve tragado por el ardor y en sus últimos instantes,

le sonríe al incendio.

El bosque se renueva, y aunque los especialistas medioambientales juren que es un desastre, 

desde dentro se siente como inevitable.

Y una vez sucedido

solo queda que los fantasmas dancen entre escombros pintándose de ceniza,

masticando los rescoldos.

Paisaje quizá aterrador para la lógica,

pero pintoresco para el valiente.

Todo lo que ayer era presente se convierte en una fotografía para rememorar.

Quizá no importe tanto,

quizá algunas semillas incluso lo estén celebrando.

Porque cualquier final da lugar a novedad.

Pero ya saben:

donde hubo fuego, tengan cuidado de no soplar. 

martes, 13 de diciembre de 2022

Trastocada.

 De todas las ciencias conocidas, es sin duda la física mi peor enemiga.

He procurado entenderla por activa y por pasiva, con y sin ganas, sola y en compañía... 

Cuando creo que he atrapado uno de sus hilos entre mis ideas, llegan las reglas a golpearme con sus excepciones. 

Cada vez que alguien me tiende la mano en la distancia, articulando la pregunta "¿bailamos?", el momento se vuelve ingrávido. Mis pies no tocan el suelo mientras me acerco, mi peso se reduce a cero por ausencia de gravedad. Puedo girar eternamente, con solo el impulso de la mano ajena. Hasta que la canción finaliza, el baile se pausa y la física vuelve a multiplicar mi masa por la cifra normal. Vuelvo a andar pegada a tierra. 

Y yo sigo sin entender las leyes, así que continuo con la existencia, ignorando el incidente.

Los días pasan, con sus horas, sus minutos, sus segundos correspondientes...Pero por sorpresa me encuentro sentada frente a un café y mi reloj se ha despistado. Esta vez parece ser el turno de desaprender el espacio-tiempo. Y no sé si esto es relatividad, pero la duración del momento se ha vuelto relativa. La realidad ha adquirido textura de plastilina, he perdido los puntos referencia. Sin saber qué pasa, las horas se han comprimido en lo que la percepción juzgó como instante. Me inunda la sensación de que mi alrededor se pausa. Estoy sumergida en agua. El corazón late lento. Hasta que el sonido de una carcajada me saca del ensueño. Las manecillas en mi muñeca vuelven a girar. Las dimensiones se comportan de nuevo de forma normal.

Una vez más, sigo sin entender estas reglas. 

Tal vez en la poesía no me pierda.

Me rindo. 

Abandono la ciencia. 

martes, 15 de noviembre de 2022

.

A sus pies me postro

Con las muñecas rotas

Con la cabeza alta

Con las caderas blandas. 

sábado, 12 de noviembre de 2022

Ondas.

Pertenezco a una nube de algo vibrante

en la que todos los elementos interactúan por azar.

Lo aleatorio arremete contra mi estado de espera

y paso de estático a movimiento.

La fuerza de unión se potencia 

siento unos hombros como agujero negro.

Se quiebra mi espalda si sus manos indican el gesto.

viernes, 21 de octubre de 2022

Uno, dos, tres... Cinco, seis, siete...

 Uno, dos, tres...


Se ha creado una franja en mi cintura

con el nombre de una mano

para que al firar con la música

pueda pasar por un camino conocido.


Cinco, seis, siete...


El sudor de alguien a quien no conozco

me impregna las manos, y por hende, la cara.

Mi olor ha pasado a ser parte de la composición

de todos los sudores de la sala.


Uno, dos, tres...


Los pies se me traban entre tanto paso

unos brazos cualquiera me mantienen en equilibrio

no puedo más que reirme mientras intento

retomar el ritmo.


Cinco, seis, siete...


Si me lo propongo puedo conseguir 

que mis latidos se acompasen con la salsa que está sonando.

La cadera adquiere cualidades de péndulo

creo que podría convertirme ahora mismo en gelatina.


Uno, dos, tres...


La cercanía física y el contacto

sin importar la identidad.

Solo que mi cuerpo sea capaz

de entender las instrucciones de sus manos.


Cinco, seis, siete...


Si llega el apocalipsis, ojalá me cuentre bailando.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Mayo, again.

Vuelve mayo de nuevo, sin previo aviso, y me encuentro por vigésima sexta vez en el mismo mes. Nunca antes había meditado tanto sobre este momento del año, pero probablemente ahora lo haga por el simple hecho de tener mi brazo cruzando tu pecho y la frente apoyada en tu cara. El mayo pasado también se dio esta imagen, puede que con algo menos de soltura, pero ocurrió de una manera muy parecida. De pronto el paso del tiempo me resulta un evento digno de alabanza, como si fuese yo quien lo ha descubierto en un momento de lucidez. La suma de los segundos, la sucesión de los días, la continuidad de ciertos elementos y un sinfín de ideas se me agolpan sin orden mientras lo único que escucho en el cuarto es la cadencia de tu respiración. Estas ideas me hacen percibirme como extraña, a mí, porque vivo constantemente en la ansiedad del mañana y sin embargo me he frenado en seco por unos instantes. A mí, que en toda una vida de preocupación por la cercanía del futuro no se me había presentado una pausa en la que constrastar que el tiempo avanza...

Ha vuelto mayo de nuevo, y volverá cada año. Ahora que soy consciente, lo único que quiero es que cuando me vuelva a dar cuenta, estés a mi lado. 

viernes, 25 de febrero de 2022

Composición.

hoy en día todo está hecho a trozos;

si tocas la tecla adecuada

los azulejos se caen

sin dejar detrás una ventana secreta,

porque eso solo pasa en los cuentos.

mi cuerpo mismo se compone de recuerdos;

palabras que algún día dije,

enseñanzas que no resbalaron

y un poco de voluntad por cambiar

sin tener sensación de lograrlo.

vivir consiste en conseguir el pegamento;

hacer un puzzle con lo que te toca,

intentar crear una imagen bonita

y colgarla delante de todos,

para que se luzca.


yo solo estoy esperando al momento justo 

en el que todo se rompa, 

para tener la excusa.

jueves, 3 de febrero de 2022

Adiós al lenguaje, violencia.

A diarío me doy de bruces con una triste realidad. De todas las formas posibles en las que una persona se puede comportar, la gran parte de la humanidad elige el camino de la violencia. 

Una señora muy emperifollada decide que empujarme con mala cara para entrar primero en el metro es la mejor manera de empezar su jornada. 

Una funcionaria con menos ganas que yo de burocracia, decide que es demasiado complicado atenderme como si fuese humana y se ríe en mi cara sin resolverme absolutamente nada acerca del trámite que llevo esperando a hacer semanas.

Mi vecino tiene la música a voz en grito y yo con migraña, toco a su timbre a suplicarle que la baje. Él decide que la mejor respuesta que puede darme es decirme que no, y cuando cierra la puerta, subir el volumen al doble.

Un paseante aleatorio deja que su perro se cague en la misma acera por la que tendrán que pasar sillas de ruedas. 

Un simpático dibujante plasma sus ideas de grafiti en las paredes de la catedral. 

Un chaval convencido de su realidad, le explica a los colegas que su ex es una loca, una histérica, y de paso les enseña sus fotos desnuda para aclara que por lo único por lo que seguía con ella, era por follar.  

Un borracho sin nombre tiene que ser detenido por la policía después de pelearse a patadas y gritos con unas cajas de cartón y un par de retrovisores inocentes que no le habían hecho nada.

Un amante ilusionado se queda mirando el móvil tras su primera cita, esperando a una respuesta que jamás obtendrá, porque al otro lado de la pantalla alguien decide que es mejor callar a explicar. 

Un usuario anónimo en Twitter comenta en una foto "qué vergüenza, menuda guarra", pero por privado le pide que le venda sus bragas usadas.

 A diario me doy de bruces con una triste realidad. De todas las formas posibles en las que una persona se puede comportar, la gran parte de la humanidad elige el camino de la violencia. Sucumbe a la ira y a la indignación, soltando latigazos con manos y lengua a cualquiera que se acerque. Tomando como ofensa todo lo que se le presente y sobre todo, creyéndose superior. 

A diario me doy de bruces con una triste realidad. No se puede ser pacífico: o sacas las garras, o te matarán. 

martes, 14 de diciembre de 2021

Ideas.

Ahora mismo definiría mi cabeza 
como una bandada de pájaros que alzan frenéticamente el vuelo
en la que alguien intenta atrapar alguno
y todos se escapan entre sus dedos.
Un parque desierto en el que las hojas revolotean alegres
posándose en los bancos sin que nadie las moleste
y descansando por fín tras la muerte.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Miedos.

La psicóloga me ha mandado como deberes racionalizar cuando me empiece a encontrar mal, pero a mi lo único que me sale hacer es actuar como si no pasase nada e inventarme mi propia realidad. He asumido que a mi existencia le falta concordancia y se puede resumir con una de mis noches de andanzas:  

Entro decidida empujando con fuerza la puerta del bar, he caminado mas lento justo antes de llegar pensando en qué diré o en qué pasará.

Saludo alegre a quien esté, me pregunto si me habrán oído o si acaso se acordarán de mi nombre.

Me busco un asiento cerca de la barra, tiemblo por si estorbo o por si estaré demasiado lejos de la salida en caso de huída.

Observo mi alrededor intentando parecer tranquila, por dentro soy un perrito asustado por las circunstancias. 

Me pregunto si mi cara se verá demasiado seria para la ocasión, practico mentalmente una sonrisa que no parezca forzada notando la tensión en los labios.

Alguien me pregunta si el asiento cercano está ocupado y respondo, seguro que mi tono ha sonado demasiado brusco.

Bebo por ocupar el tiempo hasta que pase algo, espero que no se den cuenta de que el botellín ya no está lleno.

Se me acerca alguien a hablar y hablo sonriendo, no escucho lo que dice de tanto preguntarme si tiene sentido lo que estoy diciendo.

La persona decide ir al baño o cambiar de interlocutora, yo preparo la fusta estando segura de que se fue por mi culpa.

Cojo el abrigo y el bolso para irme sin hacer ruido, seguro que todo mejora cuando me haya ido. 


sábado, 20 de noviembre de 2021

Graná

Tierra, que aquí vienen tos a alagarte y lo siento, pero yo vengo a decirte que ya estoy harta. Pues 25 años paseando por la misma Graná, me cansa. El paseo de los tristes con sus mil taxis, buses y turistas atropeyándome se me atragantan. Al igual que los comentarios de "que bonica ahí la Alhambra". El mismo paisaje en cada foto, querer ir sin rumbo para acabar en el mismo sitio. Intentar salir fuera de Pedro Antonio o Calle Elvira para terminar pagando el cubata a precio de oro. Ser incapaz de encontrar a alguien que no conozca a alguien a quien me tiré, o de estar haciendo cualquier cosa sin que pase alrededor un ex.

Tierra, que aquí vienen tos a alagarte y bueno, en realidad tengo que decirte que eres como aquella vieja amiga de la infancia. A quien odias por todas las putadas a lo largo de los años, pero a quien sin remedio idolatras. 

martes, 16 de noviembre de 2021

Difícil de explicar.

Si asumimos el hecho de que en lo sencillo reside lo bello, será fácil hacer referencia a la manera en la que lo quiero. Podré recurrir a decir algo como "ahora siempre encuentro a Casiopea al mirar al cielo", hacer referencia a que le escribí una oda a su nariz, cantar la canción de Shakira, practicar el deporte olímpico de reseñar nuevas cafeterías o inventarme cada mes una manera distinta de pedirle un beso (siendo la última el gesto de fruncir el ceño).
Sin embargo, por más que pienso todo esto, no es fiel reflejo de lo que siento. Y ahí va, aunque suene mal, lo que me gustaría que entendiese de verdad: estar con él es como estar a solas. No se asusten, no me refiero a que su compañía no me basta, sino a que sus ausencias me sobran. A que a su vera la cabeza no se me sobrecarga y sobre todo, al placer de poder hacer lo que me de la gana.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Un día un pez.

Un día un pez decidió salir del agua y por el efecto dominó yo ahora tengo responsabilidades y muchas cosas que no entiendo. El por qué de haber tenido que nacer humana y lidiar cada mañana con todo esto: madrugar, decidir si el desayuno es la comida más importante del día, eligir la ropa adecuada para cubrir esta forma física, trabajar, descansar, cumplir la función de relacionarme con el medio, quizá también la de reproducción, madurar, crecer, madurar más, pensar sobre el verdadero sentido de madurar, seguir trabajando porque el dinero se va, existir, pensar, preguntarme sobre la existencia, preocuparme sobre la muerte y morir.

Si yo hubiese nacido pez, simplemente me dedicaría a flotar y a comer. O quién sabe, quizá me quejaría como se quejan los peces de lo duro que es nadar a contracorriente; de lo malas que son esas redes. Pero la vida es vida, sea quien sea el que la cuente: el único truco es soltar amarres y seguir adelante.

Mucho o poco tiempo.

 Una hora sin dormir, dos horas sin dormir, tres horas sin dormir...

Escuchar de fondo la lavadora, verme reflejada en el cristal de la ventana. Ver, por la bondad de una lámpara. Estar enfadada con el techo por contarme siempre la misma historia. Que llegue mañana con la sencación de siempre, la idea de que no pasa nada. Querer cambiarme el color de uñas intacto porque de pronto me cansa. Rascarme la nunca, pensar que tengo que dejar de rascarla y volver a hacerlo.

 Una hora sin dormir, dos horas sin dormir, tres horas sin dormir...

Recordar que hace un par de días pasé un día muy bueno y querer que vuelva, sabiendo que tan solo es un recuerdo. Descruzar y cruzar las piernas porque la circulación sanguínea me flojea. Observar cómo una araña de tamaño considerable desciende rápida por un hilo invisible hacia mi mesa. Dejarla desaparecer creyendo que ya no existe problema.

 Una hora sin dormir, dos horas sin dormir, tres horas sin dormir...

Tocarme el puente de la nariz quedándome en blanco. Rasgar el lápiz en la libreta intentando no quedarme en blanco. Poner los ojos en blanco. Desgraciadamente llegar a la mente en blanco.

Pero sigo despierta, pero sigo quieta. La definición de "mañana" parece que no llega. 

 Una hora sin dormir, un día de ansiedad, una semana sin querer pensar, un mes con la constante amenaza de llorar. Mucho tiempo resumido en un verso mientras el reloj sigue con su lento: tic, tac...

jueves, 4 de noviembre de 2021

Tremendismo frío.

Otro año más, como cada año, el otoño con su frío precede al verano. A mí, se me había olvidado.

Me hago la sorprendida cuando los hombros al descubierto se me quedan fríos y, con la esperanza del que piensa que todo pasa rápido, me refugio en la ropa de abrigo. Pero me prometo que tan solo será un rato, porque ayer el sol me quemaba la piel, podría ir en casa sin zapatos, llevaba al aire los dedos de los pies.

Al final, otro año más, pierdo la batalla contra el clima. Las elecciones de vestuario se me complican hasta asumir que siempre llega: no se puede salir a la calle sin chaqueta.

Desgraciadamente, con el golpe final del cambio de hora, el aumento de tardes a oscuras y el ataque directo a mi espíritu de andaluza, caigo en tremendismo. Mi propio y personal tremendismo frío. Y ahí es donde todo lo que escribo se ve inundado de hiperboles que me condenan.

Puede que este invierno muera de la pena. 

Quizá la sangre se me congele en las venas.

Es probable que durante una tarde de llúvia se me agote el ánimo, y nunca vuelva.

Probablemente olvide el tacto de las pieles ajenas.

Seguramente las ideas se me marchiten y no vuelva a abrir la libreta.

Otro año más, como cada año, el otoño con su frío precede al verano. Y a mí, otra vez, se me había olvidado.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Hasta er coño.

Quizá me recordéis, y quien dice recordar dice "quizá hayáis visto vídeos anteriores", de poemas o textos cursis, tristes, empalagosos, intensos o alegres. Palabras en las que me deshacía en amor y proclamaba que no me cabía en el pecho el corazón por tanto sentimiento. Frases con intención de ser preciosas, tan preciosas como los destinatarios a las que iban, porque el mundo era tán precioso... Pero hoy no, hoy estoy hasta el coño. Desde este mismo instante voy a llenarme a boca con un "os odio" y es que a cada día que paso pensando en la humanidad, menos la soporto.

Odio a las personas que hablan y hablan y hablan sin preguntar nada y cuando tú intentas añadir algo a la conversación te atropellan con su charla sin pausa. Quizá en la escuela no les caló el tema en el que se diferenciaba el monólogo de la conversación. 

Tampoco soporto a la gente que te dice "eres muy guapa, pero si te maquillases, peinases, depilases y pusieses sujetador estarías mucho mejor". Y se excusan con que la apariencia no importa, pero que si te sales de la norma, adiós. 

No soporto a los que odian Francia, la pizza con piña, la tortilla sin cebolla, la Cruzcampo y cualquier cosa que en verdad les da exactamente igual, pero estiran infinitamente el chiste de odiar por odiar. 

Ojalá desapareciesen de la tierra las personas que gastan el agua fría de la nevera y no la rellenan, los que gastan el papel higiénico y no sienten la empatía suficiente como para hacerle la vida más fácil al siguiente que vaya a cagar. Los que no usan la escobilla del váter en los baños públicos y también a los que con la escusa de mear de pie, dejan de saber lo que es la punteria. También todo señor o señora mayor que te mira con desaprovación en el metro pero luego se cuelan sin miramiento o son capaces de asesinarte si amenazas con quitarle su asiento. "La juventud es muy maleducada", pues sí señora, así que váyase usted a la mierda.

Podrían irse a tomar por culo los que idearon las prácticas no remuneradas, la idea de que acabes la carrera y no te cojan porque "te falta experiencia", las ofertas que piden carta de motivación, y por qué no, todos los que dijeron que después de la vida universitaria el mundo laboral te lo pondría mucho mejor.

¿Que a quién más odio? A los que llegan siempre tarde, a los que se excusan con un "es que soy así", los que comen con la boca abierta, los que no usan auriculares en el transporte público para escuchar su puta música y a los que antes de que hayas visto la serie te cuentan con una sonrisa el final. En resumen: odio a la gente, sin más.

miércoles, 16 de junio de 2021

La tormenta me ha desvelado.

 Es de noche y aun así el cielo se ha empeñado en iluminarse. He tenido que cerrar la ventana porque mi cama empezaba a mojarse, pero mis ganas son de salir a la calle a bailarle a la naturaleza. A hacerle honor al trueno, al relámpago y a mí misma: al rayo. A entrar en comunión con los elementos mientras estos se revuelven furioros recordándonos que ellos siempre ganan...

Porque podremos creernos los reyes del mundo, volar a otros planetas, alterar la genética, estudiar el tiempo... Pero no podremos alcanzar la magia que da un cielo en una tormenta de verano. Ni las sensaciones que asaltan la cabeza cuando, tras todo un dia en calma, superando las horas aburridas y luchando por derrotarlas, llega la electricidad salvaje a alterarnos el descanso y obligarnos a encender velas que ni recordabamos..


Se cuela el olor a lluvia por las grietas de mi casa,  me abraza con gesto amable mientras fuera todo lo arrasa... La doble cara de la vida. Que mientras dentro amaina, fuera nunca escampa. 


sábado, 30 de enero de 2021

Comunicación no verbal.

 El roce de una piel contra otra piel puede no significar nada, o puede significarlo todo. Es la intención y son los dueños de ambas superficies los que deciden el significado en el momento. Un vez decidido, se comunica con los ojos, con una sonrisa, o simplemente modulando la intensidad del contacto: una risa disimulada con un dedo que se acerca mucho a la zona delicada, unos ojos serios pero acompañados de unas uñas que se clavan... Un sin fín de combinaciones posibles, pero mi cuerpo solo tiene una respuesta ante el tuyo:

Se activa.

Y tiembla.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Tirada en el suelo sigue siendo todo igual.

 ¿Sabéis lo que pasa cuando una idea se atrinchera en la cabeza? ¿Identificáis la sensación de ser perseguidos por algo que, si no realizáis, se os quedará clavado durante más tiempo del que querríais? ¿Tenéis?...¿Tenéis claro lo que os intento describir? 

No diré que es importante, porque hablandoos desde esta posición, poco respeto puedo infundir... Pero ultimamente mi existencia es tan simple, que en mi cabeza solo se introducen ideas simples. Hace varios días que algo me martillea por detrás de la frente: túmbate en el suelo, boca arriba, con las piernas en la pared, cállate, y respira. Así que, aquí estoy, obedeciendo a algo que no sé de donde viene y de lo que solo puedo imaginar hacia a dónde va. 

Y es que llevo semanas sin escribir, o si escribo, resulta ser un proceso lento y forzado que me deja cansada y con mal sabor de boca. Quizá las ideas se me hayan caído a los pies y necesite que vuelvan a su sitio. Quizá se me hayan dispersado por el cuerpo y tenga que concentrarlas para que salgan. Quizá se ha esfumado todo, y ya no me quedan escritos que valgan...

jueves, 24 de septiembre de 2020

¿Cómo se salva una distancia?

 Existe una distancia de másde 20 centímetros de altura y una mascarilla que nos separa. Además, cuatro años, ideologías y todo un estilo de vida de por medio. Dos formas de ser muy distintas: un sumiso y alguien que quiere que le sometan a la fuerza. Un comienzo de beso agresivo, y otro muy lento pero con continuo crescendo. Una cara de niña mala frente a una risa traviesa de niño bueno. Unos nervios, que infectan una tranquilidad y la vuelven inquieta.

Aún así, aquí estamos, bien pegados, haciendo lo propio de dos extraños excitados al despedirse después de haberse descrifrado un poco. Su altura se agacha un poco para estar a la mía, convinando con mis pies que se ponen de puntillas para compensar. Y así, de esa manera, es como se salvan las distancias.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Este es el premio.

Salgo del vientre de mi madre
y todos la felicitan por haberme parido.
Me dan una palmada en el culo,
lloro,
celebran que estoy vivo.

Empiezo a dar mis primeros pasos,
y todos me fotografían y animan.
Voy sin rumbo de unos brazos a otros,
me caigo,
celebran que soy una más que camina.

Consigo articular algunas palabras,
y todos intentan que repita las suyas.
Ni los entiendo, ni me entienden,
balbuceo,
celebran que no sea muda.

Sobrevivo al colegio e instituto,
y todos presumen de mis buenas notas.
No tengo ni idea de qué hacer luego,
me pierdo,
celebran que haya pasado estudiando casi todas mis horas.

Encuentro el “amor verdadero”,
y todos visten de largo en mi boda.
Quizá hubiese preferido vivir de otro modo,
aprieto el ramo,
celebran que no me encuentre sola.

Me dan el título de doctor,
y todos quieren asistir a mi triunfo.
Ahora sigo sin tener ni idea de por donde seguir,
me estanco,
celebran que sepa mucho de “aquello de lo que me ocupo”.

Llegó el momento de que me jubile,
y ya no queda casi nadie aquí.
Me gustaría compartir el resto de mis días,
estoy aislada,
nadie celebra que he superado el reto de vivir.

Este es el premio que obtenemos,
y nadie entiende muy bien para qué.
Tengo una medalla colgada al cuello,
me pesa,
no entiendo el motivo por el que me esforcé.

domingo, 30 de agosto de 2020

Quiero hablar contigo, pero es que solo existes en mi recuerdo.

Como en toda noche de domingo que se precie, ha de existir una sensación extraña colándose por alguna esquina desprotegida de nuestra cabeza. Seguramente sea algo teñido de tristeza, melancolía o apatía, algo de lo que no seremos capaces de deshacernos fácilmente. Y mucho menos si hablamos del último domingo de agosto, el que precede a principio de año, el que cierra la puerta del verano y despide a los romances locos en la playa y a las noches en vela de conversaciones eternas. Así no hoy no es una noche de domingo más entre todas esas en las que escribir a oscuras. Hoy es la noche mágica para tomar fuerza y desgarrarse entera.

Como en toda noche de domingo que se precie, se me ha instaurado en el pecho una sensación de soledad muy fuerte. Esa soledad que va a compañada de un silencio que te envuelve, pero que te deja escuchar todo el ruido de fondo: una burbuja delimitando perfectamente la distancia que hay entre tu mundo y el resto de gente. Yo estoy aquí dentro, y hoy toca que haya una inocente víctima de mis añoranzas. Pero como no hay una diana precisa, mi cerebro decide unir mil detalles que no concuerdan en una sola imagen. 

Y echo de menos su cara de niño bueno.

Y echo de menos los rizos pelirrojos con cerveza.

Y echo de menos la musculatura de todo su cuerpo.

Y echo de menos querer unir sus pecas.

Y echo de menos ser a la que recogen.

Y echo de menos tener que elegir comida vegetariana.

Y echo de menos que me hablase en francés.

Y echo de menos imaginar cuadros en la pared.

Y echo de menos acompañarte a la máquina del café.

Y echo de menos tantas cosas, de tanta gente, de tantas historias, que he pasado a añorar una mezcla de personas que no lleva a nada. Tan solo a pasar los domingos especiales rememorando momentos felices, y soñando con que pueden volver mañana.

miércoles, 22 de julio de 2020

"Arrasar con todo y someterte"

La palabra "someter" pasa a tener unos límites difusos cuando el sometido se entrega de manera total y absolutamente voluntaria al sometimiento. Los límites se desvanecen y mezclan con los límites de la palabra "placer", la cual ya de por sí era tan abierta que no tiene contorno, sino que abarca el sinfín de posibilidades que puede haber a nuestro alcance.

Por eso, cuando me hablas de someterme, la ira que debería salir ardiendo de mis entrañas se convierte en calor que poco tiene que ver con la rabia. La temperatura se extiende desde donde tocan tus manos hacia el resto del cuerpo, y si no me tocas, se extrenderán por igual al escuchar las palabras si provienen de tu boca.

lunes, 22 de junio de 2020

Me ha besado.

Si pudiese parar el tiempo, me quedaría en lo estático del beso. Le pediría a los segundos que se detuviesen en el punto exacto en el que rozo sus labios, con los ojos cerrados, y noto como expulsa el aire de la espera muy despacio en un suspiro. Y desde ahí, desde esa pausa en el transcurrir de las horas, sería capaz de transportarme a paraísos de otros planetas. Recorrer sin necesidad de movimiento todo el universo, tocar las estrellas sin arder, llegar al fin del mundo que aun no conocen los científicos, y volver. Pero saliendo de la metáfora, esto es una manera de decir que, aunque no sea capaz de parar el tiempo, los segundos que dura su beso me saben a vidas enteras por descubrir.

lunes, 15 de junio de 2020

Pequeño detalle.

Un grupo de gente, en una mesa, cenando, conversando, y el resto del mundo girando al ritmo usual. Todo se desarrolla de manera normal, hasta que hay un 'clic' en mi cabeza que me hace volver a mí misma y ser consciente de mi cuerpo como objeto que forma parte de la escena.
 
Dejo de observar la mesa, dejo la comida, dejo de hablar, y el resto del mundo deja de girar a su ritmo habitual. Dejo la existencia conjunta con mi alrededor para centrarme en el tacto de mis uñas rozando en la yema de mi dedo gordo, el mechón de pelo que me limita la visión, el sabor dulce de la salsa de soja en la boca, la leve presión del pantalón sobre un vientre hinchado por la cerveza, y algo más. Hay algo que no estaba teniendo en cuenta hasta entonces pero que ahora, habiendo vuelto a mis límites corporales, siento como pilar para seguir anclada a este instante.

Un grupo de gente, en una mesa, cenando, conversando, y el resto del mundo girando al ritmo normal. Bajo la mesa, mi pierna descansa contra su rodilla de una manera de lo más natural, como si hubiese estado apollada allí siempre. Me pregunto cuánto rato llevamos así, si él se habrá dado cuenta, o si por el contrario, sigue viviendo en lo que ocurre por encima de la mesa, en el universo en el que la gente suele vivir.

Los pequeños detalles siempre quedan por debajo. 

martes, 5 de mayo de 2020

Perdón por acordarme de olvidarte.

Pido perdón adelantando, sin motivo, que es perdón pedido por adelantado. Porque el perdón que pido, aún no lo necesito, pero lo necesitaré en un futuro no muy lejano.

Perdón por olvidarte, pero me sirve. 

Normalmente, acudía al recuerdo de un libro en el que la protagonista jugaba a un juego: contar cuánto tiempo era capaz de pasar sin pensar en él. Yo también jugaba, pero ya ves, de lo que servía. Jugaba a olvidarte bajo el pretexto de tener que acordarme, y al final, siempre te recordaba. Jugué demasiado, jugué hasta grabarte a fuego en mis fondos.

Un juego de dos, pero sin un jugador. 

Ahora he cambiado el formato de la historia y es un proyecto en solitario. Se me da mucho mejor, y a veces, hasta sale solo. He conseguido pasar de recordar olvidarte, a olvidarme de recordarte. Y ahora, aunque me acuerde, me termino olvidando.

No he ganado aún, pero me he encaminado. 

domingo, 3 de mayo de 2020

Clic.

Hago el mismo movimiento que hace una bola de papel al quemarse. Me encojo, dentro de lo ya encogido, hacia dentro, sin poder controlar el hecho de reducir cada vez más mi tamaño. ¿Qué importa la extensión que ocupa mi cuerpo? ¿Por qué se me hace tan importante el volumen que le supongo al espacio?
Despacio, me enrosco, como si pudiese transformarme en una serpiente que arde y desaparece.
Ojalá pudiéseis escuchar las voces al mismo volumen que se reproducen en mi mente.
Hay altibajos perfectos que le imprimen importancia a lo que más me duele.
Espacio, volumen, peso, masa, informe, un cuerpo.
Escucho todo lo relacionado.
Hay que alimentarse.
Hay que saber lo que es alimento.
Todo esto suena demasiado fuerte.
El mundo, silencioso, está gritando.
Tormento.

sábado, 4 de abril de 2020

Contacto físico en cuarentena.

Hay respuestas que no se pueden dar con silencios, mucho menos con palabras, mucho menos, a distancia.

Hoy me he dado cuenta, de que hay respuestas que carecen de sentido, si no se dan en tres dimensiones.

Existen conceptos, ideas, sentimientos, que por largo que sea el tiempo del que disponemos, pierden el significado por falta de contacto.

¿Cómo le puedo contar a mi madre que la quiero, o que tengo miedo, sin abrazarla? Para que escuche mi voz cerca y amortiguada por su pelo. Para que sienta cómo tiembla mi cuerpo, buscando la firmeza con la que solo ella cuenta.

¿Cómo puedo pelear con mi hermana, sin tocarla? Nuestros típicos enfados alegres, en los que una se queja de la otra, porque al despedirse desprevenida le ha chupado la mejilla. O mis súplicas de socorro cuando me tortura con sus benditas cosquillas.

¿Cómo puedo saludar a mi gente, sin rozarla? Pues decir hola a través de una pantalla queda corto, me falta abrazarla hasta escuchar crujir la espalda. O sin besar mil veces sus caras cuando se avecina una despedida larga.

¿Cómo puedo decirle al chico que me gusta, qué mucho me gusta? Porque al brindar a través de la cámara se ve borroso, y no da el sonido reconfortante de las copas al chocar. O se me hace imposible memorizar el tacto de su barba, el perfil de su nariz, o el sabor de su boca al callarlo porque llevaba demasiados minutos sin besarlo.

¿Cómo saboreo los días de primavera, si se nos ha prohibido salir a conocerla?

Sin contacto físico, al no poder expresarse con exactitud, el cuerpo cae poco a poco en un estado de silencio.

Hablar, es contactar.

Sin contactar, se hace duro el hablar.

jueves, 2 de abril de 2020

Otro día más.

Llovió una eternidad, en la que el cielo se jactó de poder llorar sin reproches todo el daño que los humanos le habíamos hecho. Inundó parques, nevó montañas, lavó las calles durante 30 días y 29 noches. Prohibió al sol secar sus lágrimas, prohibió a los relámpagos salir, para impedirnos hablar de catástrofes. Llovió una eternidad de lluvia fina, repiqueteando las gotas en nuestras ventanas, llamándonos para pasear por una ciudad en cuarentena, en la que se nos tenía prohibido salir a jugar.

lunes, 30 de marzo de 2020

He, tanto, que, para.

He estirado tanto mi cuerpo,
que he dejado de sentir que estoy rota,
para ahora medir tantos metros
como la situación lo permita.

He forzado tanto mis músculos,
que he dejado de pensar que soy débil,
para ahora poder levantar
tantos mundos como existan.

He pensando tanto y tanto, 
que he dejado de hablarme,
para ahora escucharme con certeza
sobre la fortaleza que me he creado.

He huido tanto y tan lejos,
que he dejado de ver el inicio,
para ahora conquistar este nuevo sitio
y construirme la vida desde el principio.

He escrito tanto para otros,
que me he quedado sin palabras,
para ahora descubrir que la mejor musa
la llevaba siempre encima.

lunes, 23 de marzo de 2020

Entrar en calor.

Me dijiste una vez que la tristeza es como una manta que te cubre, y a veces hay que dejarla ahí hasta que entras en calor y eres capaz de quitarla. Ahora hace frío, tengo las manos frías, tengo los pies fríos, tengo el pecho frío, tengo el agobio en la garganta y un grito que no puede salir porque no tiene a donde ir. Porque cómo voy a hablar de algo que no tiene más nombre que tristeza, con tristeza como causa y tristeza como consecuencia. Por el mal que sufren los que sienten demasiado y se dejan inundar con la energía del ambiente. Por el mal de quien actúa en esta vida como esponja, viviendo un momento en el que no hay abrazo que te estruje.

Me dijiste una vez que la tristeza es como una manta que te cubre, así que por hoy yo ya he terminado mi misión. Me meteré en la cama y esperaré hasta entrar en calor.

viernes, 20 de marzo de 2020

Cuánta cuarentena.

Cuánto me gustas para decirte que me gustas mucho.
Cuánto me gustas para que la borrachera me haga que me encantes.
Cuánto me gustas para esperar con tantas ganas tu mensaje.
Cuánto me gustas para estar coleccionando planes para el futuro.
Cuánto me gustas para reírme sin miedo en el presente.
Cuánto tiempo hará falta para volver a verte.
Cuánto me calmaron tus abrazos y tus besos calmados.
Cuánto me engancharon.
Cuánto los extraño.
Cuánto.

Ojalá esto pase rápido.

martes, 17 de marzo de 2020

Son tiempos complicados.

Dicen que vivimos en tiempos en los que las desgracias no vienen solas, en los que a las pandemias se le suman vientos huracanados, incendios y amantes separados. Dicen que vivimos en malos tiempos para los sentimientos, en los que nos conocemos a traves de interferencias y nos cansamos de las rutinas antes consideradas preciosas. Dicen que, dicen que... Digo que estoy sentada en un salón desierto, escuchando como ruge el aire fuera, esperando que el tiempo pase rápido, e intentando no morir en el intento.

Hace frío pero no quiero cerrar la ventana.

Me pesa la soledad, tanto que creo que ha tomado vida propia y ha salido para mirarme desde fuera. Mi soledad araña las paredes con más fuerza que yo, pero son mis uñas las que se astillan y la sangre de mis venas la que brota en esta cuarentena. En un intento de escape abro la ventana para que entre al aire y el sabor a libertad inunda la habitación, pero no podemos salir. Mi soledad y yo estamos confinadas a cuatro paredes entre las que amarnos, odiarnos y volvernos locas. Porque no hay mejor soledad que la acompañada por la tuya misma. Pero comienza a llover y el sonido de las gotas retumbando en el tejado de enfrente borran cualquier pensamiento existente, no hay nada que pase por mi mente. 
En blanco. 
A solas. 

viernes, 13 de marzo de 2020

Simples humanos.

Simple humano con propiedades de agujero negro, modificando mi tiempo a su antojo. No le hacen falta más artilugios que sus palabras, sus manos y sus ojos para poner patas arriba mis sistemas físicos. Sumándole su olor, que me cambia las leyes de la atracción y desbarata las ecuaciones establecidas.

Simple humano con propiedades de historia, modificando mi pensamiento a su antojo. No le hacen falta más artilugios que sus palabras, su risa y su nariz para poner patas arriba mi filosofía de vida. Sumándole su olor, que me cambia las corrientes de pensamiento y desbarata las reflexiones ya hechas.

Simple humano con propiedades de máquina, modificando mis circuitos a su antojo. No le hacen falta más artilugios que sus palabras, su mirada y su sexo para poner patas arriba mi sistema operativo. Sumándole sus abrazos, que me cambian las bases programadas y desbaratan hasta el hardware. 

miércoles, 11 de marzo de 2020

Primavera ven y cúrame este invierno.

Un beso cálido que lleva a prescindir de ropa, causante de rubor en las mejillas y nervio en la mirada.
Despertar de la naturaleza previamente dormida, acechante, dejando paso a descubrimientos otras veces hechos, pero que ahora brillan con luz diferente. 
Flores en el borde del camino, color amarillo emergente, olores nuevos que te inundan al entrar acompañados del aire caliente. 
Alegría, sonrisa, incertidumbre, emoción: sentimientos alborotados, como si el viento hubiese soplado contra el montón de hojas apilado por el otoño anterior.
Nueva esperanza, ardor de futuro y pasión presente... 
Todo esto es enamorarse, pero bien podría ser la llegada de la primavera tras el apagado invierno. Una chispa que brota, tan rápido como calmada. Semilla plantada en el pecho para crecer y crear historia. Imposibilidad de derrota. La necesidad de regar la ilusión que brota junto a la facilidad de cultivar lo que por sí mismo está destinado a enraizar.
Enamorarse es sentir lo mismo que cuando vuelve la primavera, o la vuelta de la primavera es enamorarse sin necesidad de correspondencia. 

miércoles, 4 de marzo de 2020

Ni cuerpo que lo aguante.

I'm still halfway to nowhere
I'm still nothing today.

- Chelou -

El suelo está frío y lleno del polvo rojizo típico de las terrazas de Sevilla, pero me tiro en él y dejo caer la cabeza muerta contra la pared. Un suspiro lastimero y hondo sale de mi boca sin haber pedido permiso previo, mientras me limito a cerrar los ojos. Las rodillas se me encogen solas hacia el pecho y las abrazo en busca de algo de amor propio. Al fondo suena en mi móvil alguna canción. De pronto noto como una lágrima me cae por sorpresa en el muslo. Sonrío triste dándole rienda suelta al llanto que me inunda. Hoy no voy a preguntarme el motivo, pues de sobra lo conozco. Simplemente lloro en silencio, me rindo, me dejo poco a poco, y termino con el pecho convulsionando mientras ya no me queda lugar seco en las mejillas. Quien quiera que contemple la escena puede creer que he sido víctima de la más dura de las desgracias, pero como explicación tan solo os podría dar que me ha inundado una sensación, me ha llenado y ahora necesito una pequeña tregua en soledad para soltarlo. Una pequeña tregua en soledad, en la que me abrazo yo misma y me clavo las uñas en las costillas para recordarme que sigo viva, que sigo en mí compañía. Que la mayor de las desgracias para esta triste criatura es la de sentir muy fuerte cada día.

Una vez cesa el lamento, abro los ojos y el mundo me regala una vista que percibo empañada. Las siluetas negras de los edificios, mezcladas con las de una plaga de antenas de televisión, se recortan en un cielo en proceso de oscurecerse en el que nadan nubes a desgana. La música ya no suena, no hay lista de reproducción que dure tanta pena. Así que se mezclan el silencio, las vistas y la melancolía que dejan estas rabietas, para dar como resultado un sentimiento muy raro de tristeza tranquila. Lugar en el que el corazón ya está cómodo porque le es conocido y donde no tiene que hacer esfuerzos por identificar, sino por conseguir definirlo. Me dejo llevar por el recuerdo y dejo la mirada perdida en el paisaje, bien digno de fotografía pero sin ganas de interrumpir lo bohemio. Los cables de la imagen me conectan sin quererlo con momentos muy dispares, en los que el ritmo de mi latir era exactamente el mismo. De pronto me teletransporto, solapándome con otros tiempos en los que me invadían los mismos pensamientos. Aparecen como imágenes fugaces, chispazos:

Conduzco de madrugada, de vuelta de la Tertulia, digamos que "para nada" borracha. La radio a toda voz con cualquier canción que no me interesa, porque solo me escucho gimotear. Tan solo tengo ganas de llegar y escribir que llevo los labios grises, pero que llevarlos pintados significa que no existes ya para besarlos.

Paseo sin rumbo por las calles de Granada una tarde de domingo soleada y perfecta para ser feliz. Se me escapa una lágrima esperando en un paso de cebra y maldigo no llevar pañuelos, ni ir con nadie que pueda prestármelos, ni querer pedírselos a nadie. Me seco con la manga y camino sin ganas hasta sentarme a leer en cualquier parque.

Me hundo en el asiento del avión mientras se enciende la luz que indica "abróchese el cinturón". Mando los últimos mensajes antes de que la conexión se corte y con un "te escribo cuando llegue" me deshago sin remedio. No quiero irme de Rumanía, no quiero volver a una realidad en la que el "nosotros" no está. Prefiero vivir en uno de estos vacíos legales e imaginar que la historia sigue igual.

Con los pies en la mesa, la ventana abierta y viendo cómo un cigarro, que nadie se va a fumar, se consume en un cenicero oxidado. En el piso vacío resuena la falta de algo que nunca llega y en el sofá resueno, sentada junto a mi tristeza. Todos en la feria menos yo, porque a veces no salen bien las cuentas del amor.

El suelo está frío y lleno del polvo rojizo típico de las terrazas de Sevilla, pero me tiro en él y dejo caer la cabeza muerta contra la pared. Un suspiro lastimero y hondo sale de mi boca sin haber pedido permiso previo, mientras me limito a cerrar los ojos. Pero ya es momento de abrirlos, volver a la realidad y entrar en casa. No queda nada del paisaje que me inspiraba, ya que el día se ha ido. 

Como bien dice El Niño de la Hipoteca: "basta ya, o tanto recordar acabará conmigo".

Verborrea.

Le debo un poema, 
o le debo algo escrito
(sobre ciencia).

Le debo dedicarle esas palabras,
o le debo recitárselas
(cara a cara).

Le debo algo que quiero,
o que no debo
(o querer no debo).

Que si le escribo,
yo me pierdo
(y no tengo tiempo).

Que si le escribo,
al final me quedo
(en lugar ajeno).

Que si le escribo,
es que lo he admitido
(y que he perdido).

Que si lo admito,
me rindo
(al principio del camino).

Que si me rindo,
dejo otro trozo de mí
(sin haberlo medido).

Y mi corazón,
ahora está en reconstrucción
(sin opción a descosidos).


Miércoles mal.

Cuando un miércoles empieza mal, acaba mal. No lo haré regla general, pero cuando el miércoles ha empezado con un intento fallido de alarma por despertar a quien la ha programado, ya todo lo demás va en picado. Porque le siguió un segundo intento fallido, un desayuno sin ganas, unas tareas que al final no se hacen y con un café aguado antes de comer para revivir a un zombie que lo que necesitaba era una ducha bien fría. Un zombie que aún bien despierto tenía las manos temblorosas, quien sabe por qué, aunque yo lo sé: lleva más antibióticos y antiinflamatorios encima de los que un cuerpo tiene a gusto soportar. Y mientras se ve las manos temblar y lo comenta riéndo con su madre, se plantea seriamente que morir de sobredosis no sería un final indigno. Una muerte por mezcla de todo tipo de pastillas, creando amalgama espesa en el estómago... Pero espera, no íbamos a esto.

Cuando un miércoles empieza mal, seguramente acabe mal. Al menos, este miércoles, empezó y acabó igual. Porque toda esa mañana ya descrita ha dado lugar a decidir que las 6 de la tarde son buena hora para tomar café sin descafeinar. ¿Soluciones? Claro, solución para que sean las 23:57 y esté enfadada tecleando en el ordenador. Porque toda esa mañana de miércoles ha llevado a tener sabor amargo en la boca por la medicación, a que por culpa de las uñas largas no pueda escribir bien en el ordenador y a prepararme medio litro de tila con leche a ver si así rebajo el mal humor. O si encuentro el sueño. O si el sueño me encuentra a mí. O si me voy a dormir sin sueño. O si el sueño se duerme y no se acuerda de recogerme...

Seré sincera, no le echaré la culpa al miércoles. Le echaré la culpa seguramente a un viernes que me invitó a un sábado y a un sábado que ha tenido como consecuencia un miércoles. Un miércoles que ha dado para poco pero que me ha jodido mucho.

martes, 25 de febrero de 2020

Camisa en trámites

La prueba del delito descansa sobre el respaldo de la silla y desde la cama la veo tan cercana como lejana entre los nublos de la resaca. Intento esconderme con las sábanas como si estuviesen hechas de acero, pero el olor a alcohol barato que destila mi aliento me asfixia, y mezclando risa y angustia me destapo. La prueba del delito descansa sobre el respaldo de la silla y la veo muy cerca, ahí tirada, sin ganas, pero insinuándome con la manga.
Qué de sí puede dar una camisa, qué de sí pueden dar 24 horas con la misma prenda. Me hundo de nuevo en la cama y me viene una sucesión de imágenes ordenadas...

8 a.m
Raquel se levanta con unas ojeras pronunciadas en la cara. Legaña en el ojo derecho, babas en el labio izquierdo, despeinada, malhumorada. Dejémoslo en que Raquel se levanta. Dejémoslo en que Raquel va al baño y se adecenta, pasando directamente a que vuelve a parecer una persona. 
Hoy decide que, pese al ridículo despertar del viernes, tiene ganas de comerse el mundo de una manera muy elegante, así que cuando tira lejos el pijama de vaca y abre el armario, toma una decisión muy rara: llevar camisa, por desgracia. Y en la penumbra de la habitación, con la persiana a medio levantar, va abrochando botón a botón. Por la pérdida de costumbre el tercero se atasca, dejando el momento triunfal en un "joder, qué torpe". Pero una vez termina y se mira al espejo, ya es capaz de ver los efectos que tiene un trozo de tela por la simple idea de que una camisa da fuerza. Raquel ha cambiado del típico jersey ancho y los adornos de color a un vaquero oscuro y una prueba del delito de color blanco. Raquel ha cambiado de joven alternativa y despreocupada a joven formal y preparada. Sorprendente, ¿verdad? Lo que hace un constructo social. Hoy esta chica andará por la calle más erguida, más seria, con más seguridad y seguramente su madre le dirá algo como "podrías vestirte así más". Las señoras en el metro la respetarán, a la hora de entrar en la universidad ya no parecerá alumna y la gente pensará "ahí va, a trabajar". La jornada será maravillosa, triunfal, y a pesar de que realmente no va cómoda y añora su otra ropa, se creerá todas estas tonterías y hará del día algo para no olvidar. Lo que hace una camisa.

2 a.m
Raquel ha decidido que interactuar con otra persona es mucho mejor llevando esta ropa. Se puede jugar con el número de botones abiertos, se puede insinuar la ropa interior aun dentro de una cifra decorosa, te puedes desnudar sin mandar a la mierda el peinado y las gafas, puedes dejarle al otro la responsabilidad de dar un pequeño paso, puedes mantenerle quieto mientras llevas el descubierto desde el cuello hacia el ombligo, puedes bailar acompañando el avance de la borrachera con el abrir de tu prenda. En resumen, puedes convertir toda esa elegancia inicial en intenciones nada buenas. Dejar de ser persona respetable porque lo que menos quieres ahora es que te respeten. Quieres que la torpeza de vestirte por la mañana se convierta en alguien arrancándotela sin piedad. Mandar a la mierda los botones porque ya da todo igual. Ya no quieres sentirte formal, ya no quieres aparentar y lo que aparentes no importa. Ya solo quieres quitarte de encima todo lo que llevas y que te vistan de saliva. Ya solo quieres que tu camisa bien planchada acabe tirada en una esquina, mientras a ti te tiran a la cama.

La prueba del delito descansa sobre el respaldo de la silla y el tercer botón pende de un hilo, amenazando con caerse, asegurándose de dejar implícito el motivo y dándome el gusto de que yo lo recuerde.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Lapsus mental.

Hola cariño.
¿No te parece un día raro?
Estamos a 18 de febrero y salgo a la calle en camiseta, pero en vez de echarle la culpa a febrerillo el loco o al cambio climático decido que estamos a finales de verano. Hay veces en las que el espacio tiempo se pliega y se unen días presentes con días de un futuro vete tú a saber cómo de lejano. Hoy parece ser uno de esos puntos y ahora estoy viviendo el clima de mediados de septiembre, esos en los que el cielo se nubla aún con claridad y da frío, pero no lo suficiente como para dejar de notar las manos. Un tiempo raro, ¿verdad? Porque la Raquel de ahora le está escribiendo a una persona que no existe aun en la vida de Raquel, sino a una futura persona que me inspira ahora pero que no aparecerá hasta quién sabe cuándo, o qué. Qué raro, pero en el trayecto de tres minutos entre mi casa y el metro me ha dado tiempo a pensar que me sobra el chaquetón en el brazo, que vaya putada que no quepa en la mochila y entonces me acuerdo del chaquetón/mochila de mi hermana, y decido mandarte un audio contándote toda esta estupidez. Es entonces cuando una mujer me para para preguntarme cómo se recarga la tarjeta, y toda intención de mandarte un mensaje se queda en el aire. Hago la buena acción del día recargando diez euros que no son míos ni para mi. Entro en el vagón y mi asiento favorito está lleno, toca sentarse en mi segundo favorito, cogiendo el móvil y recordando que te iba a escribir.
Espera, si aun no existes, ¿nadie va a recibir esto entonces? ¿Aun no existe la posibilidad de mandar mensajes en el tiempo? ¿No puedo hablarte de cómo voy a clase de inglés sin ganas porque el cielo está gris y preferiría ir de tu mano a comerme un helado?
Se me ha perdido la mirada en el fondo de la ventana pensando esto y mi cabeza da un salto giro tirabuzón o conexión incorrecta mortal porque me ha dado un tick en el ojo. Mi sensación se ha ido tan lejos de mí que se cree viajera independiente mientras que me manda las reacciones que he de tener. La cabeza allí, el cuerpo aquí. Contigo pero sin estar con nadie. Quizá ese alguien sea yo misma y por eso me siento tan acompañada. Quizá aun no me haya aceptado y por eso pienso en futuro, con esperanza de llegar a ver ese momento. Quizá tan solo estamos a martes, y yo ya voy por el domingo.

viernes, 7 de febrero de 2020

¿Musa en paro busca poeta?

Cada vez que me miras como si fuese una diosa, se me caen plumas de las alas y pierdo altura de vuelo. Yo misma me daño las manos colocando la cadena en mi cuello, de la que cuelgan eslabones: uno por cada uno de tus halagos.
Cuando me dices, conociéndome de tres frases, que tengo una cabeza prodigiosa, se suelda metal a mi condena. Cuando me pides futuro, incluso antes de tener un presente juntos, aumenta el peso de lo que me apresa. Pues la diosa no soy yo; mi existencia es de carne y hueso, mortal hasta los límites a los que llega mi voz, suave. La diosa es aquella mujer que vive en tus ideas y de la que me responsabilizas sin piedad alguna. Y yo, contestataria, me araño la piel frente a ti para quitarme el disfraz que me has impuesto. Reclamo mi derecho a no ser digna, a no ser absolutamente nada. Grito en busca de la simpleza de mi día a día. Rechazo intensidad, contradiciendo lo que pedía antes mi boca.Quiero ser guerrera de mi propia lucha, sin dueño que me cosa expectativas a cada beso disfrazado de ternura en la nuca.
Claro que puedo ser aquello que buscas, siempre y cuando pintes a tu gusto lo que encuentras.
Lo siento: yo ahora no quiero ser musa, he aprendido a ser poeta.

viernes, 31 de enero de 2020

Caih.

Qué tendrá Cádiz que sus vientos me llaman
a kilómetros su arena me araña
y vienen sus gentes a hacerme sonar las palmas.

Tierra de sonrisas y festivales,
de crujir el pescaito entre los dientes
y de dejarse lavar por sus mares.

Qué tendrá Cádiz.

jueves, 23 de enero de 2020

No me voy a desmaquillar.

Llego cansada, pero a la vez agitada por lo extraño del día. Contesto a todos en cuanto estoy en la cama, pero en el instante en el que acabo de responder me pregunto '¿para qué escribir whatsapps a las 2 de la mañana?'. 
La historia que le cuentas a ese alguien que se supone tras la pantalla no llega a nadie, y la respuesta se queda pendida en el hilo de tu espera en la madrugada. 
La pregunta que le formulas a quien necesitas urgentemente que te escriba cualquier tontería se estampa con un único tic gris, porque tus deseos ahora están dormidos y si ni tan siquiera te contestan cuando te han leído, no vayas a esperar notificación alguna a estas horas tan raras. 
Tú ponte el pijama, lávate la cara, bebe agua y a la cama. Para no dejar manchas de pintura en la almohada, porque hoy tu pintalabios gris ha triunfado, todo el mundo te ha comentado lo mucho que le gustaba... Pero hoy nadie se ha atrevido a irse con una marca suya a casa. 

lunes, 20 de enero de 2020

Lunes de viento frío.

Corta el viento mi cara, despejando cualquier duda de que el frío no solo viene de fuera. Me congela las manos, pero la sangre helada ya fluía desde el pecho. Congela este corazón latiente, que late y con cara latido rompe una esquina cristalizada. Astillas rojas de sangre solidificada. Socorro, me congelo. Cuesta abrir paso por mis venas, que han dejado de recordar que sirven de carretera y se convierten en atasco. Socorro, me paro.

Sigo andando hacia no sé donde, intentando protegerme con una capucha que no abriga, solo adorna. Dejo de sentir la nariz y al respirar noto... Noto algo que entra hacia el pecho expandiendo la sensación. Ya había un bosque invernal en mis alveolos, ahora solo cae la nevada que paraliza más aún el paisaje. Mis pulmones son una postal del norte con sabor a lejano, algo que en la palma de la mano se derrite perdiendo forma. Me deshago si me tocan.

No llego a mi destino, pero los pies siguen andando, dolor a cada paso. Hace rato que dejé de saber cuántos dedos hay en cada zapato pues ya únicamente cuento astillas al apoyarlos. Se entumecen los tobillos, las piernas completas, sube poco a poco el no poder gobernar mis propios músculos. ¿Qué haré cuando no pueda moverme? Me temo que me espera convertirme en un muñeco de nieve. Al menos espero que cuando vengan unos niños a decorarme se diviertan. Al menos espero que cuando vengan unos niños a decorarme me decoren sonriendo, con la boca bien abierta.

viernes, 17 de enero de 2020

Café frío.

Podría asemejar mi vida actual a que se quede el café frío. Se me había olvidado la taza por cualquier motivo y el líquido ha cedido toda su energía térmica al ambiente. Pero aún así el aire sigue estando helado y para cuando voy a beber ya no noto los dedos. Aún así bebo, adicta a la cafeína. Bebo sin que me apetezca. Bebo aguantando la sensación triste del café destemplado. La odio: sabe a derrota.
Y así vivo yo ahora. Algo se ha apagado, alguien me ha olvidado y he quedado relegada a un segundo plano en el que he perdido fuerza. Ahora al beberme desagrado, siendo los restos de estimulante que se toman por compromiso o por el miedo que le tenemos al desperdicio. Soy la taza a medio tomar que te encuentras en la mesa del bar, con una marca de pintalabios que te genera rechazo. El resto de pintura que evoca a una persona extraña. Esperas a que la retiren para poder pedir lo que realmente quieres.
- ¿Qué va a tomar?
- Por favor, un café muy caliente.

sábado, 11 de enero de 2020

No.

Que sí, que te tengo abandonado, lo de siempre. Pero es que a veces se me olvida que existes y tiene que pasar un tiempo para que tu te des cuenta y llames mi atención. No basta un "ey, ¿qué tal te va la vida?", sino que me hace falta un empujón fuerte acompañado de un "estúpida, date la vuelta y mira".

domingo, 15 de diciembre de 2019

Manual de instrucciones para la vida.

Por favor, ¿alguien tiene manual de instrucciones para mi situación? Situación de no sentirse de donde se está y de no estar donde se siente. Situación de querer irse, pero sin tener claro el "a donde". Tan solo echar a correr, sin mirar atrás, sin reparar en el equipaje que se lleva ni en cuánto podrán tus piernas aguantar. Correr hasta que se desgarren los músculos y no se pueda caminar, para quedar tendido en cualquier lugar de el que ya no se pueda salir, porque la vida no da para más.

Por favor, ¿alguien tiene manual de instrucciones para mi situación? Situación típica de sentirse sola entre la gente, teniendo muy lejos a quien te hace sentir con alguien. Teniendo muy cerca a quien quieres tener cerca, pero teniéndolo lejos al alcance de la mano. Notando el dolor de rozar con la punta de los dedos algo que por más que te estires no eres capaz de agarrar, tan solo arañar y dañar. Sin quererlo entras en la dinámica en la que le haces la vida imposible a la persona a la que quieres y esa persona se dedica a hacerte la vida imposible mientras te quiere. Y os queréis. Y no os dejáis vivir. Y la dinámica se encarga de dormirte y transportarte a un estado de inconsciencia en el que tan solo das vueltas sin salir. Y aprendes a no querer salir. Y dejas de saber querer. 

Por favor, ¿alguien tiene manual de instrucciones para mi situación? Situación típica de domingo en el que la vida se hace bola, en el que lo único que pides es compañía para hacerte bola con el domingo en el sofá. Hablar de la vida. Besar las penas. Dormir en un abrazo. Situación de necesitar un impulso y creer que alguien puede dártelo. Situación de haberse rendido un poco, queriendo hacerlo del todo. 

sábado, 16 de noviembre de 2019

Amor en cuatro actos.

Acto 1.
Capitán, no sé cómo decirle que no entiendo qué hago en esta misión. Nunca he sido astronauta, nunca he salido de mi planeta, siempre me ha dado miedo perderme, siempre he preferido misiones en la Tierra
Capitán, realmente no sé si renunciar, que usted me promete que hay rosas en otros planetas, pero yo sigo siendo escéptica.
Capitán, tenía usted razón. Hay una chica que huele a rosas con un planeta tatuado en la espalda.

Acto 2.
Me haré trenzas para peinarme diferente. Me pintaré los ojos de un color alegre porque ella nunca me ha visto maquillada. Tengo que elegir ropa bonita para la ocasión. Quizá incluso le escriba un poema, esa nana que llevo unas semanas detrás de escribirle. Pero todo esto se queda en ilusión por un “mejor nos vemos más tarde” que termina en un “otro día mejor”.

Acto 3.
Yo ya iba por febrero mientras que la vida se había pausado en octubre, así que imaginen la aceleración que ha tomado mi cuerpo al frenar. E imaginen el sonido de mi ser al chocar contra el cristal.

Acto 4.
Ahora estás en la lista de nombres que duelen, en la de personas a las que me muero por ver pero que borro de las redes sociales, en la de objetos que debería retirar del día a día, en la de recuerdos dulces y dolorosos e inevitablemente en la de poemas tristes. Ahora volverá la rutina de repasar los posibles fallos, buscando qué pude hacer mejor... Hasta que llegue el momento de superación en el que asumo que el problema no es de nadie, sino de ser tú y yo y de que nuestras vidas no están escritas juntas. Mientras que eso llega, porque vaya putada, dedicaré los ratos a mezclar pensamientos autodestructivos con autocompasivos, para intentar llegar al equilibrio en el que vuelvo a quererme, pero esta vez sin tu amor añadido.

A veces hay que hablar brusco para que entiendan.


Esta noche va a ser noche de triunfo, lo presiento, lo huelo, voy decidida.
Entro en la discoteca y las veo. Entre las luces, el humo y la música, las veo. A todas ellas. Bailan, gritan, saltan, me miran y sonríen. Llevan horas de maquillaje, colores brillantes y gloss para hacer los labios aún más grandes. Por el poco espacio de la sala se chocan conmigo, me rozan, me derraman la copa, me piden disculpas. ¿Me provocan? Con esos vestidos ajustados, los escotes bien bajos, las faldas cortas y los taconazos. Litros de perfume que turban mi cabeza, bailes poco decentes hasta para la época. Tanta belleza debería estar prohibida por la seguridad de estas chicas. Pero, ¿saben? Yo desvío la mirada y sigo a lo mío, que para eso he salido con mis amigos.

Señores, les enseñaré una palabra: autocontrol.

En un momento de la noche voy al baño y me encuentro sola con otra persona. Una muchacha apoyada contra el lavabo, claramente borracha, con la cabeza gacha y el vestido descolocado. Me acero: hora guapa, ¿te pasa algo? Y la chica solo acierta a quitarse el pelo de la boca y gemir un “me he pasado con las copas”. Miro alrededor: nadie. La miro a ella, a la que se le ve claramente el sujetador de encaje. Mi oportunidad, ella no puede ni defenderse. Se me hace la boca agua, le pongo sin delicadeza alguna la mano en la cintura... Y la ayudo a lavarse la cara, recomponerse y buscar a sus amigas. ¿Qué creíais? Si yo al baño solo quería ir a mear, retocarme el pintalabios y nada más.

Señores, les recordaré una palabra: autocontrol.

Al final de la noche, volviendo feliz y borracha a casa con mis amigos, pasamos por una calle oscura y estrecha. De frente, dos tipas. Cogidas de la mano, contoneando las caderas, exhibiendo bien que vuelven juntas de fiesta. En mi grupo somos 5. Ellas, tan solo 2. Nos vamos acercando y la pareja cruza de acera, agacha la cabeza, bajan el tono de la charla y se cierran la chaqueta. Venga bonita, ¿por qué no me dejas que te vea? Una es rubia y otra morena, para todos los gustos, aunque siendo sinceros, en esta calle a oscuras da igual. Nunca hace falta excusa. Sigo caminando con mi grupo, ellas pasan de largo aliviadas, ¿qué esperaban? Yo solo quiero volver a casa, quitarme esta maldita ropa ajustada y morir de resaca en la cama.

Señores, les repetiré una palabra: autocontrol.

Que a mí también me gustan las mujeres, me encantan. Se me cae la baba cuando bailan y me derrito en sus faldas. Pero me gustan libres y fuertes, a la distancia que ellas quieran y no a la que dicte mi entrepierna. Me gustan las mujeres y como me gustan, las respeto. No por ser de su mismo género, sino por ser personas. Que os quede claro: a una persona sin su consentimiento no se le toca.



Cómo distinguir lunares a la hora de merendar.

Una vez te has sumergido en la piel de alguien, te encuentras navegando sin rumbo fijo en un mar de color pálido con zonas misteriosamente marcadas.
A día de hoy tengo la teoría de que los lunares son señales sin instrucciones, pero que deberían acompañarse con un “inserte aquí sus labios y si no vienen con beso, lárguese”.
Yo, formal, más que obediente ante los carteles de dirección, llevo rato observando tu cuello y me ha surgido una duda entre tanta atención que ha llevado a un problema cada vez más intenso: es la hora de la merienda y no sé diferenciar esos puntos que tu dulce piel marcan de posibles manchas de chocolate olvidadas.

Creo que he enloquecido, cualquier persona sensata sabría qué es lo cierto, pero lo siento porque ahora mi persona, de cabeza muy científica, necesita investigar
Necesito pasar los dedos por ellos: todos sabemos, que el calor que produce nuestro fuero interno es suficiente para derretir tan rico descubrimiento. Si lo prefieres busco excusa y me invento que tan solo quiero hacerte cosquillas por el cuello. Pero miento, mi misión es firme. Compruebo la textura en múltiples intentos y tras mucho frotar con disimulo empiezo a creer que lo único que se derrite aquí, cariño, es tu deseo.
Pero por favor, no me puedo distraer: sigo sin saber si son lunares, o chocolate. Así que habrá que hacer alguna otra prueba.

Todos sabemos que el calor que produce nuestro fuero interno es suficiente para derretir tan rico descubrimiento. Pero para mejorar la investigación, ahora añadiremos dientes y saliva ardiendo. Si lo prefieres busco excusa y me invento que tan solo quiero bajarme de tu boca a explorar nuevos lugares donde dar un beso. Pero miento, mi misión es firme. Compruebo el sabor en múltiples intentos y tras mucho saborear los lunares, víctimas de mi delirio, empiezo a creer que lo único que se derrite aquí, cariño, es tu paciencia en este juego.

Así que paremos, terminemos la merienda y ya después nos comemos.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Efecto Concorde.

Tres años dándole cabezazos a tu existencia y ha de ser otra persona, que ni te conoce, quien ha de venir a ponerte nombre. Yo en los poemas ya te había llamado de todo:
Desastre pronosticado.
Daño reincidente.
Imposibilidad negada.
Herida que no cicatriza.
Polo opuesto.
Pero te llamas "Efecto Concorde".
Por una batalla que ya perdimos hace siglos, incluso antes de empezarnos y aún así hemos reincidido en rascar con la uña y nuestros actos mil veces la herida. Siendo esta ya tan débil que tan solo basta una palabra para apretar el gatillo y abrirla. Un soplo a un montón inmenso de cenizas que vuelan y se avivan sin ya tener calor. Amor del que duele, del que mata y daña. Amor desgastado por el mal uso, pues en las instrucciones ponía muy claro "soltar en caso de que la relación se convierta en suicidio".

domingo, 29 de septiembre de 2019

5 sentidos pa' ti.


Contamos con 5 sentidos, de los cuales todos los quiero agudizar contigo.

Quiero comerte entero y descubrir a qué sabe la piel, si degustar lugares prohibidos es picante o si escondes algún matiz amargo entre las manos.
Quiero pasear la nariz por tu cuerpo, olfatear cada recoveco y hacer inventario de los olores secretos que esconde cada uno. Llevarme en la memoria el aroma de tu pelo y que se pegue tanto a mi ropa como a mis recuerdos.
Quiero gastar las yemas de mis dedos en comprobar tus texturas, en busca de la más aterciopelada y de la más dura. Cortarme con tu lengua afilada y curarme en la venda de tu vientre.
Quiero deleitarme la vista con tu imagen, captar en mi retina todas las ondas que emite tu figura y maravillarme con cómo la luz se atreve a tocarte. Sin necesidad de fotografías quedarme con el retrato en mente y dibujarte cuando cierre los ojos.
También quiero escucharte, aprender el sonido de tus pasos, cómo cruje la comida entre tus dientes o tintinean los pendientes en tus orejas. Que me cuentes qué te inquieta, qué te alegra, qué es lo que buscas en esta vida incierta. Callarme de pronto en mitad de la canción para quedarme con tu voz gritando el estribillo a pleno pulmón.

Contamos con 5 sentidos y a veces me faltan algunos cuando estoy contigo.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Soledad literaria.

Desde que ya no estás, ni están, ni estáis.
Desde que no hay inspiración en el hueco de amor reservado para los amantes. Desde entonces, ya no escribo. Y no porque no quiera, sino porque el deslizar de mis palabras antes seguía el recorrido de una espalda, el susurro de un nombre o el caminar de una mano sonriente.
Ahora, ahora que ya no estás, ni están, ni estáis, al escribir parece no haber objetivo suficiente al que dispararle y todo se estampa en un folio en blanco vacío de inspiración. Será que lo que me inspira es el amor, pero no todo amor. Será que lo que me saca de mis casillas poéticas son los besos apasionados, el desear a alguien que aún ni se ha fijado en mi existencia, las charlas de madrugada faltas de decencia y las lágrimas de pérdida cuando cruje alguno de los pechos de la historia. Bendito sentimiento, capaz de formar olas imposibles de nadar en mitad de un verano seco y desierto. Bendito sentimiento, capaz de arrasar cualquier existencia previa a él. Y sobre todo, bendito sentimiento que me ha dado mis mejores momentos ante un cuaderno.
Ahora, ahora que ya no estás, ni están, ni estáis, me dedico a mirar a otros lados en busca de versos que al final quedan encajados sin sentido en un texto que no siento como mío. Que se vaya lejos cualquiera de los poemas que pueda imaginar si lo comparo con "De lluvia a recital", con el momento en el que lees ante los ojos del causante y sientes en un instante cómo te puedes desnudar aun conservando la ropa.
Y ahora, ahora que no hay nadie, simplemente permanezco vestida a la espera de que me inspire cualquier margarita sin necesidad de deshojarla, pues ahora no hay nadie a quien mi poesía quiera escribirle.

Meteosensible.

Dependo de lo que pronostica la chica del tiempo,
quedándome el humor a merced
de cómo despierte el cielo.
Risa loca sin ningún pudor
cuando los rayos de sol me tocan,
pero intensa depresión
al ver de lejos aparecer
la marcha de nubes al son del trueno.
Así que imaginad hoy,
cómo se encuentra mi ánimo
con un techo blanco sin gracia.
Caminando cabizbaja,
con más peso en el cuerpo
del que mis ganas pueden trasladar.
Estar triste,
sin más explicación que el clima,
dependiendo de como corren
las masas de aire
y la humedad ambiental.
Ciclotímica, bipolar, esquizofrénica,
cambiante, loca.
Soleada y feliz,
lluviosa y melancólica,
nublada y hundida.
Mi único resguardo es llevar
en el apellido el rayo.
Durante las tormentas,
estoy a salvo.

Ser bohemio es MALO para la salud.

Sentada a las 9 de la noche en una terraza con un té negro, ya más que frío, la chaqueta vaquera (de las anchas, de las que se llevan) no abriga una mierda.
Pero aún así, qué bonito escribir sola a la luz de la farola que alumbra mi mesa.
Qué bonito ver cómo la pareja de al lado me mira raro mientras se beben su cerveza (menuda loca, ser bohemia ya no se lleva).
Qué bonito que a la camarera le de apuro decirme que cierran, que lo siente, que así está la cuenta (inocente... Pensará que escribo algo decente).
Qué bonito que se me quede el lápiz sin punta, vaya desastre el sacapuntas en casa (porque para mí el bolígrafo no tiene suficiente clase).
Qué bonito el parón de inspiración que me deja mirando al infinito media hora (pobre...sufre ataque de poeta fracasada).
Qué bonito que la mesa se tambalee, ya que he elegido la única que está coja y estoy en constante lucha para que la taza no se me derrame ensuciando las hojas.
Qué bonito acabar el poema y, en voz bajita para que nadie lo oiga, recitarlo a ver qué tal suena (bien, parece que ha merecido la pena).

domingo, 8 de septiembre de 2019

Vuelta.

Claro que me gustaría volver a casa, mandarte mil mensajes borracha, declararte amor eterno mientras me quedo dormida poniéndome el pijama, pero... ¿Sabes? Ya no existes, y de qué sirven las declaraciones a la pared a las tres de la mañana.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Olores de vida plena.


Mientras el mundo corre 
yo estoy aprendiendo a estar quieta. 
Sentadita en mi rincón 
acompañada de una buena cerveza 
y respirando los aromas que la vida ofrece. 

Quiero probar a degustar el aire 
en cada rincón en el que me encuentre, 
desglosar los olores 
y olvidarme del cuerpo 
más allá de lo que sea oler el mundo. 

Inspiro hondo, suelto el aire. 
Inspiro hondo, suelto el aire. 
Inspiro hondo y me trago lo que inhalo 
como si fumase, para saborearlo. 
Suelto el aire suspirando, 
susurrándole a los árboles 
que mis silbidos pueden ser tan bellos 
como los sonidos del bosque. 

Mis pulmones son caja de música 
y la atmósfera sopla por mi nariz, 
dejándome llena de oxígeno y matices 
de los que nunca fui consciente 
y amaría descubrir. 

Describirlos con palabras 
e inventar nuevas si hacen falta. 
Hablar en esencias y plasmar 
como si fuésemos personajes del Perfume 
el placer en una colonia.

lunes, 12 de agosto de 2019

Que no te arrastres más, joder.

Últimamente solo hablo de contabilizar o no contabilizar amor, de si se quiere mucho, de si se besa poco, de si se olvida demasiado. Y aun queriendo dejar a un lado tanto adverbio, tanto número y tanto improperio que solo le da toque limitado a algo que explota el pecho hacia infinito... Me encuentro preguntándome si sabrás o si pensarás en cuántas veces te he querido y te quiero, cuántas veces te he soñado, cuántas pesadillas sufro ahora, cuántos besos me han faltado, cuántas discusiones a golpe de cuchillo nos sobraron, en cuántas veces estoy dispuesta a ser gusano por acercarme al calor de tus labios. Me pregunto y yo sola me respondo: no te preguntas, no quieres saber, no sabes y realmente haces bien si eso te cura. Pero escucha, siempre estaré aquí, a distancia de un saludo. Habrá que hacerle caso a Sabina y a sus 19 días y 500 noches.

miércoles, 24 de julio de 2019

No es actual.

Cualquier cosa que te pueda decir ahora se va a quedar muy larga, o muy corta, depende de quien lo lea y de cuando lo pienses, pero el simple hecho de escribir con música de fondo y teniéndote al lado ya me sirve para escribir. Escribir por escribir, porque hay que comunicar y hay que decir y sentir y volar y crear y soltar y morir y destruir un poco paaaaaaaaaaaaaara, ¿qué? Nada, para nada, pero el segundo café del día ya me ha afectado y noto una presión muy tonta en el pecho que tira del esternón hacia ti con ninguna otra dirección que tu nariz. Qué obsesión más tonta.

domingo, 16 de junio de 2019

No podemos dormir.

¿Cómo no se va a morir de amor? Si a cada segundo que pasa estamos más cerca del final y tan solo quiero escaparme en el tiempo contigo. En el tiempo o del tiempo, pues aquella noche mi único deseo era que amaneciese pero sin que sonase el despertador. Un eterno momento en la cama entre tus cosquillas y tus manos decididas a no cruzar la línea prohibida, pero con tu boca diciendo que ojalá fuese tuya. Sin tenerme me tienes, tuya en cuerpo y mente por mucho que digas que no invente conceptos que no existen. ¿Qué falta hace un contacto físico si se verbaliza toda intención tan clara que se siente en el cuerpo? Podía verte arder en mi cuarto, mirándome desde el otro lado, callado, suspirando y quejándote de querer y no poder, o de no querer poder.

domingo, 2 de junio de 2019

Oye, eres masoca.

Respiro, hincho el pecho y se me sube un poco el cuerpo. Levanto la barbilla echando para atrás el pelo y abro un poco las piernas disimuladamente, para que nadie se de cuenta, salvo él. ¿Que dónde ocurre la escena? Qué más dará si soy yo la que está en ella y no tengo ni puta idea porque lo único que percibo es su olor, su posición en el asiento que hay a mi lado, el calor que desprende, su pulso, la cara con la que me mira y las ganas que tengo de (punto).
Suelto el aire lento mientras mantengo la posición. No quiero perder ni un milímetro de superficie ahora que juego a ser diana para su flecha y... A la mierda, me toca la rodilla y centímetro a centímetro, avanzando dedo a dedo, se le cuela la mano entre mis piernas con cara de todo menos seria. La expedición bajo el vestido derrite mis polos, por no deciros algo más vulgar, que me moja tol ****. Pero es que ahora mismo su gesto de morderse el labio puede inundar la sala y queridos espectadores creo que no contamos con protocolo de evacuación así que mi cabeza pide ayuda y la única respuesta que soy capaz de articular es un "uf" con voz muy flojita y mirada de cachorrita abandonada en vez de la zorra que convendría ser ahora. El cuerpo, que ya lo tenía tan posicionado se me afloja de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, yo qué sé si solo siento su mano. Su mano, que sube, que él me mira, que sube más, que se acerca, que llegamos, que (punto). 
Retrocede, se va por donde ha venido sin llegar al final del recorrido, se ríe de manera encantadora y pegando la boca a mi oreja demasiado como para considerarse socialmente aceptado, generando que hasta el último vello de mi cuerpo se levante pronuncia el querido "oye, eres masoca" y yo como siempre quiero más... ahí sigo.

lunes, 13 de mayo de 2019

Puta memoria.

Los fuegos artificiales de Sevilla me traen la nostalgia, pero desde el puente que los veo no llevan música y a mi pecho le falta un 'algo' para completar la sensación.
Desde esta orilla las luces retumban, me abrazo yo sola escondiendo cualquier atisbo de oscuridad, pues con tanta explosión de color en el cielo, ¿quién se quiere permitir llorar? Así que cojo la pena, la empaqueto y la saco en forma de sonrisa de ojos tristes. La de veces que he pensado en alguien con el espectáculo pirotécnico en las fiestas de mi pueblo. La de veces que he deseado que cierta persona estuviese al lado para abrazarla, y no clavarme a mí misma suavemente las uñas en los costados. La de veces que una lágrima sigilosa se ha asomado, y viendo que todos tenían su atención en otra diana, ha caído reflejando la explosión lejana. 

Los fuegos artificiales de Sevilla, por primera vez que los veo, me han sacado la sonrisa de niña emocionada que siempre llevo dentro. También han sacado más recuerdos de los que recordaba, tirándomelos a la cara en el silencio mental que me creaba entre tanto nervio, ruido, movimiento. ¿Dónde se quedan todos esos pensamientos de amor regalados? ¿Por qué se van sus dueños? Al menos yo los tengo muy vivos en el pecho y puedo enumerarlos, aunque me falten dedos:

1 La timidez del primer beso.
2 Un físico poeta, mi primer amor, el que me enseñó a odiar los celos.
3 Más tarde un chico que me recogió mil veces en coche mientras que con la mirada prometía que me llevaría a cualquier parte.
4 La primera chica.
5 La segunda chica, bióloga y filósofa, desastre contagioso.
6 Mi primer amigo psicólogo, encargado de recordarme que ellos también pueden estar locos.
7 Un ukelelista cuentacuentos, experto en mi cuerpo.
8 También dos lunares y muchos calimochos.
9 otra chica, unos rizos pelirrojos que aunque aun me enervan me calman cualquier viento con su sonrisa.
10 Otro físico más en mi historia, esta vez enseñándome que se puede querer de manera tranquila.
11 Una guitarra divina, que por suerte acompaña a mis palabras y a mi ciencia, cuidando mis dos caras.
12 Sus lunares.
13 La luna cada día.
14 Cinco personas en Murcia sintiéndose una.
15 Cualquier idioma con toque gaditano.

Y aquí estamos, todos, recordando. Que a quien se ama no se le olvida. Que los fuegos artificiales siempre me hacen repasar mis días . Y que si no se olvida, es porque con ellos has sentido que se te escapa de las manos la vida.

viernes, 3 de mayo de 2019

Meh.

Habrá un dolor,
fuerte y hondo,
que nos comprima
en pechos diminutos
como motas de polvo.

Se tornarán grises
las escalas de color
que antes brillaron fuertes
de verde a rojo
y ahora todo negro.

Terminarán las palabras
con puntos y final
dejando atrás
todas esas frases
que no consiguieron acabar.

domingo, 7 de abril de 2019

6 canciones y una...¿es para mí?

Te pregunto el por qué, con idea de que me expliques lo que yo ya sé y me respondes lo mismo: que qué más quiero saber si lo sé.
Aún así mando otra interrogación, una insinuación de que algo intuyo pero que ni afirmo ni asumo y en fin, encuentro el mismo mensaje: claro que lo sabes.
Claro que lo sé, en fin, que mal ha quedado esto joder...

lunes, 1 de abril de 2019

Me falta una palabra.

"Tú eres una niña de 10"
decreta mi profesor
y yo tristemente,
que me distraigo muy fácilmente
me quedo en un 8
y a la mierda la mención de honor.

"Tienes que ser discreta"
deja caer mi padre
deseando que nadie le diga un "tu hija"...
y yo, muy precisa, he salido DESVIADA
medio científica y medio poeta,
con la bragueta más que abierta
una ideología muy loca
y ahora mismo pues lo típico,
con pelo en las piernas.

"Tienes que planear tu vida"
me recomiendan, si es que quiero triunfar
en el mundo de la ciencia
en el mundo de la escritura
o en cualquier mundo en el que quieras acabar...
y yo pues aquí estoy
recitando algunos martes
bebiendo más de lo necesario
y mañana teniendo que ir al laboratorio.

"Tienes que ser lo que tú quieras"
dice alguien para darme esperanza
pero aun así imponiendo
algo que no pido,
que al final me da más rabia
y yo reniego y soy lo que no quiero.
yo qué sé, ahora no me apetece ser...
¿?